hector cesar

Moriré por una ingrata

    

Estabas viva ante mí, pero a mí no me mirabas,
Tus ojos grandes tan bellos en otro ser se posaban.
Y aquel brillo de sus ojos que de dicha me llenaban
Viendo que ya no eran míos Los besos ni esa mirada.
Sentí clavarse en mi pecho los celos como una daga.
Intente pensarla muerta y de mi mente arrancarla
Pero la sangre por dentro a gritos la reclamaba,
Dicen de aquel que murió , se aleja de su cuerpo el alma,
Tú con matar nuestro amor con él te llevaste mi alma.
Vaga solo el corazón como en el mar una balsa
como en el cielo una nube que el viento suave la arrastra
te transformaste en ave, al cual mi vuelo no alcanza
yo que te enseñe a volar, no puedo rozar tus alas
esas de suave plumaje que con tanto amor cuidaba
mientras dormías en mis brazos siendo la luz de mi alma.
Estabas viva ante mí, pero a mí no me mirabas.
hay mil formas de morir, pero esta la más amarga.
Porque mataste los sueños y te llevaste mi alma
Y el corazón se resiste a morir por una ingrata.
Se desangra del dolor pero no puede olvidarla
Busca que esos bellos ojos puedan devolverle el alma.
hay mil formas de morir pero esta es la más ingrata.           

Comentarios2

  • jarablanca

    Triste poema, Hector, y bellísimo en su tristeza.
    Me encantó leerte.

    Un abrazo grande.

  • Maria Hodunok.

    Que bonito tu poema y cuanta tristeza deja en el alma. Un dolor que transformaste en versos muy intensos.
    Es un honor leerte.

    Cariños mil.



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