DAMSYD

Contraportada

Tu ojo y mi diente

no han sido un por...

Todo me lo quedé yo;

a ti, te liberé de este yugo.

 

Me congelé en mi crisálida 

y no nací: mariposa sin alas soy.

Ni tu ramo de pequeñas florecitas

ni el perfume que emanan

llena estos sacos de frágil cristal.

 

Desvía tus caudales...

Oh, ángel mío, suelta ya mi mano.

Al vacío, con el llanto, 

déjame llenar.

 

La savia de este árbol

pétrea está y no lo ves.

Ramas secas tiene,

ni un retoño brotará.

Vana es tu espera.

 

Ningún invernadero

es regado con agua de mar.



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