LUCIO ROBERTO RAMÍREZ GONZÁLEZ

LA MÁS HERMOSA DE LAS FLORES SE CRUZÓ EN MI CAMINO

LA MÁS HERMOSA DE LAS FLORES SE CRUZÓ EN MI CAMINO

 

Quiero contarte que esta mañana saliendo de casa,
me topé con una flor, impertinentemente bella,
porqué, esta mañana, precisamente, no era tan bella,
las buenas ganas de salir, comprar pan, eran escasas.

 

La impertinente, la bella flor, arremetió contra mi,
sin saludar siquiera, me dijo: "Tú cuenta mis pétalos",
dije: "No me quedan minutos para hacerte regalos,
eso de contar pétalos se te ocurre sólo a ti"

 

"Cuéntalos", dijo menos arrogante, "Te daré un regalo".
Olvidándome del pan me detuve por un momento,
decidí, en mí aburrida rutina, hacer un intervalo,
con una bella flor, ¿Cómo podría ser desatento?

 

La poca paciencia que puede tener un viejo andante.
Me acerqué a ella: "¿Bella flor, conmigo, sea usted honesta,
por qué saber un número puede ser tan importante?".
"¿Y de que color soy?", indagó la flor como respuesta.

 

Dije: "Responda usted a mis razonables inquietudes".
"Quiero ser como los humanos, conocerme a mi misma,
y con tus ojos humanos, quisiera que me desnudes,
me digas quién soy, por favor, aunque te suene a sofisma".

 

Con toda la paciencia de un Buda, conté cada pétalo,
"Dos mil ciento dos, y tu color es el rojo violeta,
eres de las flores raras, tienes la forma de un halo,
entre todas las flores del mundo, eres la más coqueta".

 

Fui por mi pan, la hermosa flor me había alegrado el día,
más tarde, pensando, tomando café de desayuno,
hice consciencia, nuestra total arrogancia y porfía:
"Conocerse uno mismo, es tentar a Dios y ser inoportuno".



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