LUCIO ROBERTO RAMÍREZ GONZÁLEZ

BELLA INSPIRACIÓN

 

Permitirme que cuente, ahora,  lo que pasa entre nosotros,

decir, relatar, ¿Porqué no necesito de musa ni de estrellas?

Me encanta contar como me despiertas mientras duermo,

algunas veces te acercas con sigilo, tocas mi hombro con ternura,

yo, me hago el dormido, te acercas más y un suave pezón

de tu cuerpo desnudo, roza  suavemente mis labios,

yo, continúo haciéndome el dormido, entonces es tu cabello,

ondulado, el que paseas por mi cuello, espalda, cintura,

hasta que logras sacudirme de los nervios por tus juegos,

aun así, la pereza hace que me mantenga postrado,

sobre las blancas sábanas de mi cama destendida.

 

Me divierte  sentir como pierdes la paciencia conmigo,

es cuando soplas tu aliento fresco dentro de mi oído,

asientas tu cuerpo denudo sobre mis nalgas, también desnudas,

y comienzan tus quejidos, más bien tus pequeños gritos,

que poco antes eran apenas susurro,  a sonar desesperada,

me levanto y me sacudo, cojo hojas de papel, a veces,

otras veces, es el teclado y la pantalla las que esperan,

te hago enojar con mis bostezos forzados e inmensos,

no obstante una leve sonrisa delata mis intentos,

comienzan tus dictados, las letras lentamente se dibujan.

 

En el blanco papel o en el teclado, las ideas aparecen,

los versos, aparecen, como mágicas respuestas a tu voz,

luego, mejor dicho, pronto, mis dedos aprietan las teclas,

con más velocidad que de costumbre, me acelero,

ya no necesito tu voz, esta suena adentro, en mi cerebro,

los versos se convierten en estrofas, las estrofas en poemas,

cuentos, historias, relatos, que dibujan tu figura,

cuando logro describir hasta tu sombra, tu pie,

blanco, desnudo y fastidioso, se mezcla entre mis pernas,

lo sacudo, te ríes, ahora eres tu la que interrumpe,

el taca taca de las teclas, o la hermosa danza de las letras.

 

¿Sabes?, con frecuencia me pregunto, quiero saber,

¿Por qué apareces desnuda?, ¿Por qué no usas velos?

¿O te pones una blusa, o un pañuelo?, ¿O cualquier tela?

¿Por qué jamás me das respuestas cuando indago?.

Reconozco  cuando te acercas, escucho esa campanilla,

que llevas atada a tu tobillo, con cinta roja, de terciopelo,

vienes cabalgando, sentada sobre el viento,

sacudiendo tu ondulada cabellera, que, con frecuencia,

acomodas, hasta cubrir tus senos, Ay! Bella inspiración,

¿Por qué apareces siempre desnuda?, ¿Por qué no usas velos?.

 

Hace poco tiempo te vi, sentada sobre una montaña,

sobre la montaña de la Bella Durmiente,

apareciste, como siempre, de repente y solitaria,

te he visto también danzando entre algunas columnas,

eran columnas muy altas, de blanco mármol,

reconocí la ciudad de Atenas y a Anacreonte en ella,

 

Otro día, allí no más, te acercándote a un lago,

me preocupé porque se me ocurrió que te ahogarías,

sin embargo caminaste sólo hasta que el agua cristalina

cubrió tus rodillas, te paraste mirando al horizonte,

pude ver tus intimidades reflejadas en el agua,

pero me di cuenta que un pintor recreaba el momento.

 

Shedéj andaf tabi, tu voz hablando en Persa Antiguo,

dictando al Muhammad Baljí sus maravillosos poemas,

se que has caminado entre arenas calientes, sobre mares,

has soportado tempestades, hasta hacerte escuchar.

He visto una y otra vez esa mirada de vieja sabia,

otras, como cuando vienes a mi habitación,

disfrazada de joven de treinta, o de veintitrés,

te pones mis viejos lentes que con frecuencia dejo

sobre mi mesa de noche, me ves sobre ellos,

con tus negros ojos tiernos y me haces sentir absurdo.

 

Ya se, Bella Inspiración, se que no puedo, no debo,

continuar, pero prométeme, en este momento,

que algún día, no hoy, pero algún día, podré

contar nuestros secretos y me dejarás cantar

nuestras canciones, sobre todo la que te gusta tanto,

prométeme, también, que aun cuando me enfade

nunca te alejarás de mí, hasta el día que descanse,

cuando deje mi cuerpo y ya no pueda escribir,

que continuarás viniendo, quitándome el sueño,

despertándome y soplando a mis oídos … tus vientos,



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