Hector Adolfo Campa

Cantaba, oh sí, cantaba

Se rompía la madrugada

Saliendo el sol con mucha prisa;

En una calle sin salida,

Parado al filo de la cornisa;

Iba cantando, oh sí, cantaba,

Una desgracia, una partida;

Iba llorando, oh sí,  lloraba

Un trago amargo, una noticia.

 

Rompió la noche, todita entera,

Quedando cachos de tu figura,

Por tus caderas un recuerdo,

Por relicario tu sonrisa.

Con la soltura de tu cuerpo,

Chocaba copas con la ira;

Besando en rezo a tu espectro,

Tallaba en humo tu cintura;

Muriendo al brindis de tu vida,

Pagando el trato al infierno.

 

-¡Mira ese loco ya está ebrio!-

La policía dijo al mesero,

-Permítele esta osadía,

Que viene así desde el entierro-

 

Se rompía el alma de mi copa,

Con la dulzura de tu vino,

La sangre roja de tu aroma,

La prenda justa de tu lienzo.

Cantaba, oh sí, cantaba,

Una desdicha, un tormento,

La agonía, un silencio,

Al tempo fino, a tu risa.

Iba llorando, oh sí, lloraba,

La noche tibia, el día fresco,

El novenario, la caja fría,

El sueño eterno, la cruel caída.

 

Y me acompaña un día de enero,

Una promesa y un “te quiero”,

Una botella ya vacía,

Un llanto amargo, y un “te espero”.  

Me queda nada y la nada es:

La piel raída, el sabor a hiel,

La fe perdida, el pavor a ver,

La tumba tuya, amor y sed.



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