Oscar Perez

A las tres de la mañana

A las tres de la mañana

 

Desperté con el ángel de la soledad

metido entre todos mis demonios,

desnudo, desolado, sin edad

para vivir y llorar, aborrecido,

para no querer saber más ni del sol

ni de la libertad de haber nacido.

Es todo una ciudad que alguien fundó

para vender y comprar algo de sombra,

de pan, de cementerios, de humedades

entre dos bocas que ni se conocen,

entre ciegos que se amaron de verdad

y luego se abandonan frente a un río.

El agua se los lleva y, aunque saben

que nada encontrarán, prefieren eso,

aunque saben que siempre se amarán,

prefieren esta duda matutina,

este fuego del infierno en que han vivido

a extender una mano y pedir que los perdonen.

(Tengo miedo de que nunca me perdones,

tengo sed, tengo el dolor en mis pupilas

de todos estos meses sin mirarte,

sin tocar ni la sombra de tu sombra,

tengo miedo de este mundo en que no entiendo

que no vivas junto a mí, que no amanezcas

con tu cabeza en mi pecho, con tus labios

en la respuesta que buscan mis desvelos)

Y me marcho a las tres de la mañana

dispuesto a que el reloj me descuartice,

a que la casa se me vaya desarmando,

a que la ropa se me quede en el tintero,

a que la vida se me vaya en un segundo,

el mismo repetido cada noche,

cada vez que a esta hora salgo lejos

despedido por la horda de recuerdos,

de ventanas que se cierran, de mentiras

que no cubren ni mi nombre ni mi pena,

y de perros que me ladran mientras marcho

comentando en vez de aullar o de morderme,

conversando como haría un noticiero

sobre el alto detrimento de la especie,

sobre la raya que no suma ni nos quita

ese lugar que ya perdí del paraíso.

Y así con ese y similares porcentajes

de despeñados en el bosque de la noche,

entre los arboles de piedra, entre las ramas

en que acecha la ficción de estar despierto.

Quizá dormir, después de todo, no es tan malo,

que al menos allí las pesadillas son de veras,

no como en vela, cuando nadie te contesta

ni hay nada más que hacer que ver que todo,

incluso este dolor, sigue en su sitio y sin remedio.

 

http://fuerteyfeliz.bligoo.cl/

 

08 05 15

Comentarios2

  • Melba Reyes A.

    Afortunadamente, y por lo general, estas son etapas que logran superarse o, por lo menos atenuarse. Expresarse es una buena catarsis (para el caso de que seas el sujeto poético). Nunca está demás recordar lo que manifestara Tagore: "Si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas"

    Saludos

    • Oscar Perez

      Bellas reflexiones, Melba, a veces somos simplemente humanos, otras el sujeto poético mismo. Y ojo, que en las lágrimas, antes de que caigan, suele poderse ver algún reflejo de la luna o de alguien que nos mira. Saludos, feliz semana.-

    • EL POETA MALDITO

      QUE MAGISTRALES LETRAS.

      • Oscar Perez

        Un saludo agradecido, poeta, feliz lunes y semana plena para ti.-



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