OiramZ

MI POESÍA…

(31 de agosto de 2007)

 

 

Con motivo de haber leído el poema

“MI POESÍA” de José Martí, escrito en 1879.

 

Mi poesía no es la mejor.

A ella, después de tantos años,

la he encontrado,

estaba guardada por siglos, por milenios.

Estaba esperando sorprenderme.

Y no es mía... es de otro.

 

Pero… ¿Por qué espera tanto la poesía?

¿Por qué es tan tímida y sombría?

¿Por qué lastima tanto a los oyentes?

¿Por qué en el corazón se anida?

¿Por qué, una vez que se presenta,

avasalla, mata y resucita?

 

Y si antes esquiva, ¿Por qué ahora desnuda,

toda ella en su hermosura,

cambia el ritmo de mi pecho hambriento?

y si antes fue callada y escondida,

¿Por qué se vuelve arrolladora,

como amante burlona y consentida?

 

Yo estaba apurado, trabajando afanoso

en mis tareas, ella estaba atrás de mí

sonriendo un poco, no sé si esperando

que volteara a verla, radiante de alegría,

 

o nada más por ver mi cara de sorpresa,

de muchacho perplejo, encantado,

que de pronto ve a su musa cara a cara.

 

Pero… ¿Por qué espera la poesía?

Si yo no, como Martí, la dejo sola,

que “La sirve con toda honestidad:

no la maltrata; no la llama a deshora,

cuando duerme, quieta,

soñando, de su amor cansada...”,

o que “Jamás en sus vagares la interrumpe,

ni de su ausencia larga se impacienta...”

 

Yo en cambio la busco en el cielo

y la barranca, en mi oficina y en la casa,

en mis pensamientos, de viaje... y en su cara.

Cuando la encuentro, la interrumpo, le sonrío,

la molesto, la importuno, la provoco, le flirteo,

le doy un beso… la dejo pensativa…

 

En tanto ella se esconde traviesa y peregrina,

se va, y no vuelve cuando más mi corazón

la necesita; luego vuelve por un instante

y me guiña un ojo, toda coqueta, acinturada,

muy bonita, sudorosa, sonrojada,

correteando por el campo, anhelante,

me pasa por un lado sabiendo lo que siento,

¡Sabiendo lo que causa!

 

Y después, para hacerme más dura la jornada,

se va con otro… y me deja perpleja la mirada.

 

¡Ah!, pero eso sí, se despide

con melodiosa voz, con voz alada…

Y yo me quedo absorto,

en otro mundo transportado,

viendo a mi poesía, irse, calmada,

contoneando las caderas... como si nada.

 

Pero no es inocente, lo sabe y calla,

sabe que la busco y cuando la encuentro,

de repente, y sin meditar le digo

que es la más hermosa flor de la mañana,

sólo hace una mueca, dejando muda la ventana,

y a mi cabeza: sin verso, ni guitarra.

 

Y todavía es más cruel, esta de verdad

inicua y fría Reina de las Nieves... mi poesía,

pues ¡cómo sonríe! cuando la mimo y trato bien,

cuando le hablo con mi mayor decoro,

cuando departimos con la mejor templanza,

y se pone de buen humor y me platica…

 

Me entretiene… y me deja acompañarla,

me permite halagarla, y hasta me hace pensar

que me dará más versos, que me dará más alma,

y que aquél, el del corazón inquieto,

tendrá más agua... tendrá más alimento…

¡Y por fin tendrá más calma!

 

Pero ella, femenina, me lo dice muy apenas,

utiliza otras palabras… es que es muy recatada...

¡Ah!, y también es astuta y despiadada como Eva,

 

que concede cautivarme revisando sus guirnaldas,

releyendo una y otra vez sus rimas y sonetos,

accediendo a que me ensueñe con sus versos,

a que me embelese con sus coplas,

¡Las más puras!, ¡Las más bonitas!

¡De verdad… las más hermosas!

…Para luego dejarme en el olvido,

y nublar mi mente y mis mañanas,

…como si nunca hubiera visto

nada más en mis entrañas.

 

Sin embargo, es celosa esta poesía,

por que cuando ya, marchito de amor,

en el primaveral campo florido

busco dalias, jazmines y hasta bayas

pensando que ya la había perdido,

y, por casualidad, cual siervo herido,

recojo una preciosa flor de la montaña,

(mientras una sonrisa de consuelo vierto,

pues toda linda flor me sabe a manzana),

ella se adelanta y se interpone presta,

estorbando mi mirada,

 

Le ha cambiado el humor,

no puede permitir ser una opción,

por ningún motivo aprueba ser menguada,

reacciona como diosa del Olimpo,

como digna campeona de la lucha griega,

…y también de la romana.

Quiere ser la primera, la mejor,

¡La más buscada!

 

ve mi semblante,

se asegura de ser la única admirada,

y se va... como si nada,

y esa poesía no es mía,

es la más bella, es de otro...

¡Es la más amada!



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