Ludvaldo

REDONDILLAS DEL VIERNES SANTO

Ha muerto el Viernes de Pascua

aquel por cuya Pasión

suspira mi corazón

y arde cual si fuera un ascua.  

 

Ha muerto aquel que en la cruz

demostró su gran modestia

y que a la perversa Bestia

forzó a humillar la testuz.  

 

A una cruz fijo con clavos

ha muerto el pastor y el rey

que a los miembros de su grey

salva de vivir esclavos.

 

Ha muerto en la cruz aquel

al que ignoran los judíos

siguiendo sus desvaríos,

pero es el Dios de Israel.  

 

Ha muerto en la Calavera

y entre un par de criminales

quien las faltas capitales

del ser humano exonera.  

 

Ha muerto en Jerusalén

y al lado de dos ladrones

aquel que da cien perdones

si se le suplican cien.

 

Ha muerto entre delincuentes,

clavado a una cruz de palo,

aquel cuya muerte al Malo

le hace rechinar los dientes.

  

Ha muerto junto a su Madre,

en la cruz que el hombre erige,

aquel que sólo se rige

por la voluntad del Padre.

 

Cristo ha muerto el Viernes Santo,

pero su muerte no es vana,

pues libra a la especie humana

del Príncipe del Espanto.  

 

Ha muerto Cristo en Judea,

no muy lejos del Jordán,

y con tal muerte Satán

ha perdido la pelea.  

 

Ha muerto con la corona 

de espinas en la cabeza

y con esa muerte empieza

la ruina de la Gorgona.

 

La muerte de Cristo evita

nuestra muerte sempiterna

y nos da la vida eterna,

pues su muerte resucita.  

 

Osvaldo de Luis.



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