ccamilo.

Acariciando el infinito

Entre murmullos ajenos a mi nombre canta la noche con sus cigarras; posa con la luna de moño el espacio sideral y unas nubes se agolpaban como pétalos al lado de las estrellas más brillantes, a años luz de distancia. La penumbra de esta alcoba desamparada por los años, apretujaba el alma y alimenta las ansias.

Quiero pronunciar un nombre, recordar que no hay palabra más roja que unos labios que habitan la impasible memoria. Y con susurros querer apagar la vela de los ojos, para sentir cerca, tan cerca como el perfume que habita en las napias y hace que poco a poco, pierda la esencia de una sombra, a cambio del olor de las horas que la dibujaron.

La ventana parece un pasaporte a la ficción, aquí, mirando el cielo que embebe silencioso un gesto, quiero decir las palabras que son prohibidas a la noche, pues en medio de tantas ausencias podría yo evocarla sin quererlo, con sólo pronunciar el nombre, anclado a este cuerpo, posaría a mi lado, silenciosa, taciturna y lejana.

Al final no puedo decirlo, tengo que callar con mi vida el bullicio del alma; tengo que dejar que los labios se entreabran para luego cerrarse con arrepentimiento, tengo que dejar que la noche serena calme el temporal que poco a poco despierta el misterio de su historia; tengo que dejar ir en este instante, su perfume, el libro donde la dibujé; y sólo puedo entre las insinuaciones de sus pasos, lejanos ya…acariciar el infinito.



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