ccamilo.

A una mujer pelirroja

A una mujer pelirroja, que entre sutiles gestos embosca sin remedio la locura del amor, mujer que teje el cielo de sus ojos con miradas de Diosa, mujer de encanto, mujer de fuego.

Tu cabellera incendiada forja espadas que atraviesan corazones de piedra, derrumba la oscuridad del pasado, alumbra el camino de los condenados, ahuyenta el destino de los fracasados.

Hombres feroces asedian tu vida, sin saber que la batalla la tienen perdida, tu piel de marfil dibuja el cielo y tus lunares allí son estrellas, en medio del cosmos de tu cuerpo aquéllos desdichados, mueren atados.

Mujer de fronteras infinitas, de pensamientos tiernos, delicada porcelana y feroz dama…Déjame oír tu voz de nana, déjame soñarte entre tus manos, déjame cuidar tu sonrisa entre mis brazos y yo, encendido, dormiré bailando el amor en un eterno tango.

Mujer de pelo rojo, yo te miro en el viento de otoño, luego evoco tu nombre y árboles enteros se desnudan con sus cálidas hojas, para que yo sienta tu latido a lo lejos, para vivir a tu lado sin que lo sepas; allí mientras veo esas hojas de fuego.

Camino despacio en las horas que te pienso, con miedo a que te derrames de mis manos y se esfume el dibujo que entre delirios de ti hago, camino y luego llego a tu ventana, cuelgo mis estrellas en tus ojos y entonces miro casi sin respirar, tu cuarto.

En horas del sueño me entretengo en las nubes y luego las pinto con el color de tu cabellera, para incendiar el alba de arreboles; despierto y las miro mientras los pájaros poco a poco van adornando con sus cantos hondos mi canto.

En las montañas la perezosa niebla mece los árboles, los animales casi dormidos buscan guaridas, buscan refugio de la bruma que esconde las rosas bajo su manto gris, y todos huyen hacia tu cabellera, allá bajo la calina, irradia tu pelo sus ansías.

Marejada de los años, que acalla el aliento febril, pero no atenúa ni apaga, el amor que siento por ti; entre océanos de agua dulce y la sombra de mi alma, te voy buscando en secreto como naufrago entre ramas.

En cortos minutos recreo el cándido momento en que te vi, deslizo una pluma encantada entre hojas blancas como tu piel, donde escribo en secreto, pelirroja infinita, el amor y tu encanto.



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