Emanuel Acuña

Belleza de Fuego

I

 

Quisiera ver tu mirada manifestarse maldita,

porque si fuera bendita, tú no estarías estancada.

Tu corazón empolvado dice querer nuevamente,

y tu sonrisa hiriente muestra tu sexo acabado.

 

¡Vete demonio maldito! y sacia tu sed de amores,

porque los muchos dolores ocurrirán con su mito.

Mira tu cuerpo tirado porque ya no te han querido,

pues así te has ofrecido para el mejor enramado.

Hieres, harpía de bondades, eres belleza del fuego,

y sin embargo tu ego habla de ti cometió atrocidades.

 

II

 

No te conozco preciosa, ni me gustaría hacerlo,

porque si puedes creerlo somos farsantes e idiotas.

Somos mentiras pequeñas, mentiras sucias y tristes,

y es que si tú te desvistes, te comprarán de hogareña.

Mientras que yo soy idiota por poseer intelecto,

y es este miedo perfecto lo que mantiene mis notas.

Y si lo notas querida... ya de otros muchos has sido,

pues tu cariño perdido no ha de encontrar su salida.

"Frágil y tierna" te dicen, "tierna y maldita" te marco,

¡Dios! ¡Sálveme Adán con su arco de que te encolericen!

 

III

 

Niégalo todo si quieres, con tu bendita mirada,

tienes mi suerte acabada y te preguntas... ¿quién eres?

Grita si quieres, ¡te digo!, muerde y araña mi entraña,

quizá pasado mañana seré yo sólo un mendigo.

Muestra que me equivoco, y daña mi ego maldito.

 

Y es que al final a ese mito lo tomarás por inocuo.

Habla de mi a mis espaldas y hazme llorar si lo quieres,

mátame bien si me hieres, ¡clava ya en mi mil espadas!

No ocultes tu corazón, hiéreme en forma bestial,

sólo para que al final yo tenga por fin la razón.



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