◈...In Aeternum...◈

Despertando...

Y un día normal, nada distinto a cualquier otro, sólo un día; te despiertas y comprendes que es necesario tomar aquellas cosas que detienen tu caminar, meterlas dentro de una enorme maleta y tirarlo al mar, a lo más profundo del mar. Todas  tus preocupaciones, todos tus dolores, todas tus rabias e iras, todos tus defectos, toda pereza y falta de ánimo; que el mar lo destiña y lo oculte, que lo olvide, hasta que el tiempo lo marchite y se deshaga por completo hasta perder su valor o importancia (si es que algo de eso tenía). Porque es necesario continuar en el camino sin bajar los brazos, sin detenerse a pensar en si vale la pena correr el riesgo o esperar a que algo sorprendente suceda, más bien asumirlo sin tomar en cuenta el peligro que eso conlleve y disfrutar cada momento. Levantarte temprano por la mañana y ver el primer rayo de sol en el horizonte, no por la ventana, sino salir afuera y sentir el viento, el sol que empieza a calentar, ver las nubes  que pasan, oír el ruido de la ciudad, del campo… todo tu alrededor en lo absoluto, y dar gracias a Dios por la dicha de despertar un día más, de seguir en el camino; y sin preocuparte por lo que el día traerá salir al mundo con tu mejor sonrisa, con tu mejor disposición y pelear por alcanzar aquello para lo que un día fuiste alcanzado. Porque es esencial continuar sin desfallecer, sin permitirle a la duda un mayor lugar en tu vida, sin permitirle a la preocupación que maneje tu estado de ánimo; sino darle el lugar que se merece en tu vida a Aquel que todo lo creó y que tiene tu vida en sus manos: Dios. 

 

Quizás sientas que a veces el camino está cuesta arriba y que es difícil seguir, que los pies duelen y las fuerzas no son las mismas que hace un año atrás, que nadie camina contigo… ahí, sólo ahí detente, vuelve a recordar tus sueños tus metas y lo que has invertido en ello, los días largos luchando por obtenerlo y los momentos de alegría al ver óptimos resultados, entonces evalúa todo eso y piensa, medita por un instante…"¿Será necesario seguir y cruzar esta montaña? ¿Dar mi último esfuerzo sin saber qué es lo que me esperará del otro lado?" Y cuando las lágrimas acaricien tu rostro, levanta tus ojos al cielo y recuerda en quién has creído,  en quien te ha sostenido y dile a esa montaña que se mueva y esa montaña se moverá por el poder del Santísimo, y continúa tu camino.

 

No sé qué nos deparará Dios en el futuro, no sé qué cosas vendrán o que problemas habrá que enfrentar, pero si algo puedo asegurarte es que Dios ahí estará y que no importa que problema tenga venir o las situaciones que tengas que atravesar, te aseguro que los podrás ganar de rodillas, sí, orando a Dios que todo lo puede y por su poder levantarte y seguir la senda; porque vendrán días, y pasarán los años más la mano de Dios nunca se apartará de ti, dice Jehová.



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