Leonardo Demian

Canto en la montaña

 

Al fin había alcanzado la piedra más alta en la montaña, la que señala el fin del camino tierra adentro desde el mar de oeste. Desde ahí podría mirar hacia todos los cielos y sabría donde estaba. Nada mal después de haber pasado tanto tiempo perdido.

La noche había caído hacía horas, tres quizá, el aire soplaba fresco y suave, traía desde las laderas distintos aromas y, entre ellos pudo notar un aroma de hogar, su hogar, ese lejano lugar donde quedó su calor y el regazo que a éstas horas era su calma. Un aroma de miel, vainilla y café.

Cerró sus ojos, de pie sobre la piedra, aspiró muy profundo, queriendo que ese aroma que cruzaba los mares llenara todo su interior. Y así, imbuido su ser, improvisó esta canción:

 

Vuelvan mis rezos a ti,

en mi voz vuelen los besos,

que abriguen tus noches mis sueños.

 

Se abren anchos los caminos,

los surcos de mi nave aún dibujan las olas,

señalan donde quedó mi calma.

 

Mucho habrán hecho mis pasos,

la hierba aún se recuesta en la tierra,

conmovida, pues le conté de tu amor.

 

El viento mensajero incansable,

me trae amistoso la esencia de tu hogar,

que te lleve la calma de mi bienestar.

 

Y a través de los paisajes,

mi amor va de ida y vuelta hacía ti,

con mi cariño y anhelo de volver.

 

Duerme y sueña mi voz,

vuela etérea hacia esta montaña,

y yace en mis brazos que te aman.

 

 

En su último verso ya se había recostado en la piedra, olvidando el frío y la soledad. Volvió a abrir los ojos y miro que una estrella violácea le hacía guiños, a cada uno él sentía que su amada le besaba y así, al fin, durmió en lo alto de la montaña.

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Muy hermoso tu versar amigo Leonardo
    Muy agradable leer tus letras.
    Saludos de amistad de Críspulo
    El Hombre de la Rosa



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