Aquí es donde vengo cuando no quiero que nadie me encuentre..

Árbol de 500 años...

 

 Cuando abrí los ojos me apague,

ni la luz filtrada de la mañana me alumbro la cara argentada,

ni el cuerpo pálido,

envuelto de un abrazo casi ajeno.

mi cerebro dejo de funcionar,

desconocí el lecho en que posábamos juntos,

con la piel al aire,

sin algodón,

sin lino,

ahogada con el silencio de las paredes húmedas de sudor nocturno.

Nebulosos recuerdos penetraban mi tranquilidad,

gritando sin ser oídos,

castigando mi alma,

que ahora se revuelca sobre una cama de tierna culpa.

mis silencios siguen callando,

mis pensamientos se han secado,

como mis labios partidos,

como mi melena abierta,

como mis piernas sin fuerza,

caminando por aires desolados,

tratando de encontrar la distancia en que me queme al tocar tu célico cielo,

perpetuo y castigador.

Devuélveme la sangre cignea,

has que hierba el verde de mis venas una vez más,

en invierno,

en otoño,

o en aquel alucinante verano en que la hurtaste.

Tal vez me entregue a ti,

como  flor nocturna que inunda con su olor la obscuridad,

sin importar la luz del día que encendía apenas nuestras templadas sombras,

ansiosas de bebernos

el sabor a mar o a lágrima,

que se cuaja en azúcar líquido,

embriagándonos de nosotros mismos…

Sí…señor mío,

una tarde roja vi el sereno de tus ojos,

las hojas castañas de tus labios húmedos,

la experiencia,

en los hilos de plata por tus cienes,

tu fruta madura,

de sabor amaranto tu boca,

tú presencia,

árbol de 500 años,

sus ramas tus brazos,

su tronco tu cuerpo,

y debajo de su enaltecida sombra gris,

yo,

débil, con la cara al cielo… y en el cielo…

Tú.

 

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Muy hermoso tu versar amiga Cinthy
    Un placer pasar por tus letras...
    Saludos de tu amigo Críspulo...
    El Hombre de la Rosa...



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