jorge enrique mantilla

EL CORTEJO DE MISIÁ DOLORES!

EL CORTEJO DE MISIÁ DOLORES!

 

Cerraron aquellos ojos grandes, que aún permanecían abiertos

Maquillaron su cara, con polvos rosados, disfrazando su palidez

Taparon su cuerpo, con lienzo blanco, encubierto y yerto

Desfilando unos, sollozando otros, en silencio, con algo de timidez

 

De aquella pieza 811, quedó encendida una vela, con llama de flacidez

Una luz tenue, se colaba por la rendija de aquel lintel

Se veía la sombra, en penumbras de Misiá Dolores, solo en tartamudez

Incierto quedó su cuerpo, su alma volaba, pidiendo a gritos, esto es muy cruel!

 

Caía la tarde, la brisa golpeaba fuerte la ventana sin cuartel

A lo lejos, relámpagos presagiaban, aguacero de barco sin timonel

La luz de los rayos, en tinieblas, quedó aquel aposento frío como la hiel

Un humo blanco, apareció de repente, cruzando la puerta, qué miedo! En redondel.

 

Su cuerpo quedó incrustado, en cajón mortuorio y apretujado

Solo se veía su cara, adormilada, sin resuello, algo amoratada

Pasada la medianoche, solitaria en penumbras, lúgubre visitada

Como quedan de solitarios los muertos, clamando silencio, en vida anunciada

 

La sacaron en hombros, de aquel recinto de los mercaderes de la muerte

La llevaron al templo y cerca del altar, dejaron su féretro

La rodearon de velas y pabilos amarillos, de paños negros de la buena suerte

El toque postrero de campanas, los rezos a las ánimas, por su descanso eterno

 

Cabizbajos, musitando las últimas avemarías, salpicados de agua bendita

Del llanto lastimero, abrazos y gritos, todo parecía oscuro y desierto

El campo santo, espera el cofre, rodeado de rosas y flores de margarita

En un panteón sin nombre, en bóveda fría y lóbrega, quedó plasmado su cuerpo

 

De lo alto de aquella capilla, retumbaron las campanas de desconsuelo

Amigos y deudos de Doña Misiá, desfilando se fueron despidiendo

El luto en sus ropas de olor a incienso, callaron su duelo

Sepulturero malacara, se perdió a lo lejos, dejando a todos en lágrimas, sufriendo

 

La noche se tornaba lóbrega y las sombras se perdieron a lo lejos

El crujir del viento azotaba y el frío helaba los huesos

Una niebla densa se alzaba lenta y pausada, dejando a los espíritus perplejos

Cuerpo en materia, podredumbre de cienos inconfesos

Da tristeza dejar tirados por allí los familiares difuntos

Y saber que muy pronto se acabará el duelo, del olvido, algún día seguiremos muertos

 

“Joreman” Jorge Enrique Mantilla

Bucaramanga oct 26-2014

 



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