Amadeus

Nadie escapa su belleza

Nadie escapa su belleza.

    Se le escapaban con naturaleza tímida los ‘te amo’ y lo escondía con un beso. Le estaba encontrando el placer a esas palabras y yo, por costumbre de no prostituirlas, me quedaba callada y solo le devolvía el beso. Tenía que esperar cuatro horas para volverla a ver y antes de haberse despedido las ganas de tenerla entre mis brazos desnuda ya estaban entre mis dedos asfixiándome.



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