Danitza Campos

Segundos de felicidad eterna

No dejo de pensar en lo sucedido, 

lo peor, mi mente alimenta los recuerdos de aquel momento,

mientras mi corazón bombardeaba cada vez más fuerte,

produciendo en mi estómago una sensación inexplicable...

Trato de descubrir cómo fue que llegamos a eso, cómo acabamos así...

Tú junto a mí, no lo podía creer, nunca lo imaginé...

Nosé lo que significó para ti, pero para mí fue mágico.

Tenerte cerca, abrazarte, ver la luz de tus ojos en la oscuridad y sentir el palpitar de tu corazón

¿Nervios? Nosé tú, pero yo, yo sonreía solo con imaginar tu boca junto a la mía...

¡No puede ser! ¡No puede suceder! eran palabras que mi mente repetía una y otra vez,

pero mis ojos, mi corazón y mis labios decían lo contrario...

Te quería besar, conocer a qué sabe tu boca, hasta que... rozaste mis labios...

Me dio miedo y me aparté un segundo,

quería seguir, quería terminar aquello que sin darnos cuenta ya había comenzado...

Y entonces me aparté por un instante... te miré y hablamos...

La verdad no recuerdo bien qué, pero escucharte agudizó aún más aquello que mi corazón estaba sintiendo.

Solo buscaba excusas, excusas para alejarme y dejarte ir, pero.... pero no las encontré...

Nos volvimos a abrazar, de hecho creo que nunca nos soltamos del todo

y ahí estábamos otra vez, tan cerca...

cerraba mis ojos por breves segundos, sintiendo tu respiración y el bombardear de tu corazón.

Un silencio nos invadió... ya no había nada más que hacer ¿Para qué evitar lo inevitable?

Nuevamente tus labios rozaron los míos y yo me desvanecí por dentro...

Me dejé llevar por la dulzura de tu boca, y nos besamos...

Nosé cuánto tiempo fue, pero para mí... para mí fue supremo...

Estar entre tus brazos para mí lo era todo.

En mi mente no existía nadie más que tú y yo y nuestras bocas besándose

¡Qué dulzura! Por un instante creo que sentí aquello que le llaman felicidad...

Sí, felicidad... porque sin entender nada  ni encontrar razón alguna, fui feliz con tan solo un beso tuyo...

Me hubiera gustado quedarme así, junto a ti,

pero la felicidad a veces se escurre tan rápido que quise retenerla en el recuerdo de mi memoria...

Nuevamente el miedo se apoderó de mí y separé tu boca de la mía...

Fue entonces cuando te dejé ir...

Te solté porque sentí que si  no lo hacía en ese momento, me costaría aún más dejarte partir...

Fui cobarde, lo admito... tuve miedo de dejar al descubierto mis sentimientos, y en vez de eso, decidí dejarte ir...

Sin preguntar, sin mirarte ni escucharte, te dejé partir.

Nunca supe lo que aquel momento significó para ti.

Sin más quise retener esos segundos de felicidad en el recuerdo de mi memoria,

así, cuando esté triste iré a ellos para sonreír como lo hice en aquella noche.



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