Adolfo Cano

EL HIERRO Y LA VIDA

El hierro llego

Sin anunciarse. Sin hablar.

Ardiendo de odio vino a sellar

la sonrisa de los pueblos.

 

El hierro nunca entendió las palabras,

no tenía abecedario para unir y compartir.

El hierro jamás descifró los gestos,

Era ciego al idioma de los mimos.

El hierro no leyó los mensajes escritos,

Su lenguaje era otro y sin anuncios.

El hierro no admitía consensos,

no sabía de leyes.

El hierro nunca negoció,

Tenía su propia identidad, el sometimiento.

 

Al hierro debe ser fundido y transfórmado

en herramientas que le permitan

a la vida florecer

 



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