RUBEN BUELVAS

Parashat Tazria "Vida y Muerte"

Levítico 12:01-13:59

Ruben Buelvas

Revisado por Rav Dr. W. Pitter

En esta parasha el Eterno da unas instrucciones muy interesantes sobre la condición en la que queda una mujer después de un parto, y los pasos a seguir para garantizar su purificación.  A continuación leemos:

 “Entonces el SEÑOR habló a Moisés: “Di a los Israelitas: ‘Cuando una mujer dé a luz y tenga varón, quedará impura por siete días; como en los días de su menstruación, será impura. Al octavo día la carne del prepucio del niño será circuncidada. Y ella permanecerá en la sangre de su purificación por treinta y tres días; no tocará ninguna cosa consagrada ni entrará al santuario hasta que los días de su purificación sean cumplidos. Pero si da a luz una niña, quedará impura por dos semanas, como en los días de su menstruación; y permanecerá en la sangre de su purificación por sesenta y seis días. Vayikra 12: 1-5.

La Torá aquí comienza a enseñar las leyes del parto y los detalles que incluyen las leyes de "pureza e impureza" (tumá y tahará). Estas leyes fueron promulgadas por Di-s sin explicar un “porque”, pero sigue enseñándonos mucho a nosotros ahora, y en el futuro, porque Dios no se equivoca. No era por el bebé que daba a luz, por lo que la mujer tenía que purificarse, sino que era por su propio flujo de sangre después del parto, que la mujer quedaba inmunda. Veamos el tiempo que la mujer quedaba inmunda.

i.Si era varón, la mujer quedaba inmunda por 7 días, al igual que cuando tenía su menstruación. Todo lo que tocare sería inmundo. Al octavo día la carne del prepucio del niño será circuncidada (brit milá). Después de los 7 días, se contaban otros 33 días por los cuales no podía tocar nada sagrado. Un total de 40 días. En nuestros países todavía se conoce como la Cuarentena. Y hoy día la ciencia nos ha revelado el “porqué” de esta la mujer se debe guardar o cuidar durante la llamada “cuarentena” después del parto.

Es el período de tiempo recomendable a esperar sin tener relaciones sexuales con el fin de que el cuerpo femenino, adquiera las características que tenía antes de quedar en embarazo.

Ello incluye la cantidad de hormonas que circulan en el cuerpo de la mujer debido al embarazo y parto, y el volver a la normalidad el cuerpo femenino en cuanto a su aparato reproductor, que ha sufrido cambio. Otro cambio hormonal importante es la secreción de la prolactina, que es la hormona que se encarga de que la leche materna se produzca, interactuando con el reflejo de succión por parte del bebe, para que este pueda tomar la leche materna. El sistema inmunológico también se encuentra un poco bajo a consecuencia de déficits hormonales.

Uno de los mayores cambios es producido en el útero, que aumenta su tamaño unas 30 0 40 veces y ahora debe volver a la normalidad, además el cuello del útero ha sufrido transformación durante el parto, es lo que conocemos como el proceso de borrado y dilatación del cuello, para que él bebe pueda salir por el orificio de la vagina, modificación que debe también volver a la normalidad durante este período. En esta etapa el sistema hormonal vuelve lentamente a un nivel en el que se permite nuevamente una adecuada ovulación, y menstruación.

Otra de las tantas enseñanzas que nos deja esta parasha es la prescripción de llevar a cabo el brit milá. El tema del brit milá fue tratado ya en Bereshit 17: 9, pero adquiere valor normativo recién en nuestra parashá, y en un texto de tan pocas palabras. Al octavo día la carne del prepucio del niño será circuncidada.

La guemará en Nedarim 31 b, nos dice que “la mitzvá de brit milá es tan importante que si no fuera por ella, el universo no se hubiera creado” y en Ein Yaacov sobre el mismo folio leemos que la milá equivale a todas las otras mitzvot, dicho que le brinda una posición de excelencia que comparte con sólo un puñado de mitzvot más. . Celebrando el Pacto De acuerdo con el Talmud, el ritual del Brit Milá consiste de tres segmentos separados: 1. Milá, la remoción física del prepucio; 2. Periá, el desprendimiento y plegado de la membrana; y 3. Metzizá, la succión de la sangre de la herida. Este último paso no es asignado por el Talmud como parte del rito en sí, sino como una medida higiénica.

Otro de los aspectos mencionados en esta parasha es el siguiente:

Cuando se cumplan los días de su purificación por un hijo o por una hija, traerá al sacerdote, a la entrada de la tienda de reunión, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como ofrenda por el pecado. Entonces él los ofrecerá delante del SEÑOR y hará expiación por ella, y quedará limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que da a luz, sea hijo o hija. Pero si no le alcanzan los recursos para ofrecer un cordero, entonces tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y el otro para la ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia.’” Vayikra 12: 5-8.

El holocausto es entendible, pero ¿por qué se le requiere a la nueva madre traer un sacrificio por el pecado?  ¿Qué pecado ella cometió? En la literatura rabínica hay mucha discusión al respecto. Pero central para entender esto, consiste en entender la concepción del pecado en la Torá. Para empezar, la teología cristiana ha reducido el concepto de pecado al terreno moral (ya sea por comisión, omisión o por pensamiento o intención), pero en la Torá no es así. La Torá considera pecado también las diversas impurezas del ser humano; por ejemplo, la menstruación de la mujer, el derramamiento de sangre de la parturienta, la polución nocturna del hombre, la sarna, la lepra. Todos estas cosas, son consideradas como parte de la condición humana, pero lo cierto es que según la Torá son “formas o pasivas” del pecado anidado en nuestro cuerpo y que se manifiesta de esa manera. Y por ello, la Torá que al igual que los pecados intencionales o involuntarios contaminan el Santuario, también lo hacen las impurezas de los hijos de Ysrael, y por lo tanto se requería una expiación que purificara al santuario como bien lo explica y lo resume Vayikrá 16:16, cita situada en el contexto de Yom ha-Kippurim.

Por otra parte, todos esos ritos de “purificación, circuncisión y ofrendas”, que hemos leído, apuntan a la obra del Mesías Yeshua.

Acá encontramos una conexión que nos llama poderosamente la atención iiNotemos que así fue con el nacimiento de nuestro SEÑOR. Lucas 2:22-24 dice:

Así mismo, cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos debían purificarse, José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor.23 Así cumplieron con lo que en la ley del Señor está escrito: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». 24 También ofrecieron un sacrificio conforme a lo que la ley del Señor dice: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.

Yosef y Miriam eran pobres, y esa era la ofrenda que podían ofrecer.

Este texto nos muestra que Yosef y Miryam no tenían suficiente dinero para ofrecer un cordero. Lo maravilloso aquí es que ya tenían un “Cordero”. Ese Cordero fue entregado a HaShem y luego redimido. Por eso no necesitaban otro cordero, sino dos pequeñas aves, que representaba la entrega total de la madre y el hijo a HaShem.

Todos necesitamos purificarnos. Es posible que este texto haga referencia a este hecho cuando Yosef y Miryam se purificaron antes de entrar en el templo para presentar a su hijo ante HaShem.

Miryam traía en su vientre al cordero pascual, que vendría a redimirnos de nuestros pecados a través de su muerte en el madero, ciertamente nuestros pecados han sido borrados y perdonados por la muerte del Mesías, representada en los sacrificios de pecado. Según Gál 3:13 El Mashíaj nos redimió de la maldición [impuesta] por la Torah al hacerse maldición por nosotros (porque está escrito: Maldito todo aquel a quien cuelgan en un madero), Así que, declarados justos por la fe, estamos en paz con Elohim por medio de nuestro Maestro Yahoshúa el Mashíaj. Por su medio también hemos obtenido acceso por la fe a este favor en el cual estamos firmes, y nos gloriamos en esperar la gloria de Elohim. Rom 5:1-2.

Recordemos que estamos ante un acontecimiento que marco la vida de nuestro pueblo Israel en el pasado y que también marca nuestras vidas hoy, estaremos conmemorando la fiesta de “pesaj” y estaremos recordando la salida del pueblo de Israel de Egipto y su redención, que es también la nuestra, en esa ocasión el pueblo quizás no entendía el significado del sacrificio del cordero y la limpieza de toda cosa leudada más sin embargo, hoy nosotros lo podemos entender a la luz del brit hadasha cuando dice: Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa sin levadura, como lo son; porque al Mashíaj, nuestro Cordero pascual, ya lo sacrificaron. Así que celebremos la Fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con el pan inleudo de sinceridad y de verdad. 1Co 5:7-8

Preparémonos pues para el encuentro con Hashem, purificándonos día a día. Tal vez nos preguntemos, ¿Qué es ser puro, a los ojos de Elohím? La pureza, se puede decir que es igual a la santidad (kedusháh). ¿Y qué es la kedusháh? Es la ausencia de impurezas en nosotros.

Dice en el libro de Hebreos 12:14: “Hagan todo esfuerzo para vivir en shalóm con todos los hombres y (para) ser santos/kadoshím. Porque sin santidad/kedusháh, nadie verá a ADONÁI”. Este versículo es más serio de lo que pensábamos, ya que aquí se ve bien claro que la santidad no es una opción nuestra: “si puedo, y si tengo ganas, voy a serlo”. DEBEMOS comenzar (por lo menos) a caminar en el camino de la kedusháh, no si tenemos ganas, no si podemos, sino sí o sí, porque “sin kedusháh, nadie verá a ADONÁI”.

Y mientras nos preparamos para vivir Eternamente en santidad, pidamos al Eterno que envié al Mesías pronto y en nuestros días. Amen y Amen.

Shabat Shalom.

Ruben.Buelvas65@Gmail.com         



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