jimmyraus

Mariposa

Vuelas y vuelas por el jardín en que estás buscando el más dulce néctar que una vez un simple piojo te dio a beber.
Tus colores hacen que las bocas segreguen néctar nada más verte y eso pequeña voladora, te encanta.
Destacas entre las demás, y eso es quizás porque tus colores son más atrayentes, porque tus alitas ondean en el aire de una forma especial, porque tus antenas brillan más que otras… No lo sé, lo único que sé es que yo no pude resistirme a seguirte con la mirada, congelarte en mi mente y describirte ahora.
Bailas mejor que todas y todos anhelan estúpidamente bailar contigo y tú, te dejas.
Te conviertes entonces en abeja
y no en una simple obrera
sino en la reina.
Tomas el control del jardín y gobiernas
sobre todas las criaturas de la selva
en miniatura en que estás. Tú mandas ahora,
y todos menos yo te obedecen.

Y no lo hago, al menos ya no, porque soy el único insecto que de verdad te conoce, el único bicho (como me llamas ahora) que supo hacerte volar muy alto, el que te dio a beber ese néctar que emanaba de la flor más perfecta del jardín, ese néctar que con tanta ansia buscas y rebuscas y que aún no has podido encontrar.
A veces mientras te observo bailar en el aire con los demás,
veo que no puedes evitar relamerte como intentando recordar
lo dulce de un ‘te quiero’. Después de prender a todas hormigas del hormiguero, a todas las abejas de la colmena y en general a todos los bichos del jardín bates tus alas y emprendes un viaje, no siempre es corto, no siempre es largo, pero al final llegas a tu destino, dejas de ser mariposa y te conviertes en mantis.



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