Esteban Mario Couceyro

Otro café

A través del vidrio, la ciudad late

con sus propias urgencias

personas y vehículos

mueven sus destinos.

 

En tanto una paloma

parada en la cornisa, mira

como un suicida inminente

que calcula el salto final.

 

Apuro el café

y cuidadosamente miro

quizá por última vez

la ciudad... y mi vida.

 

Como esa paloma

parado en la cornisa

como un suicida

miro a la gente llevar sus destinos.

 

El vértigo, invade mi razón

y me aferro al espanto

a la fuerza de vivir

a esa paloma, que regresa.

 

A mi lado, me mira

y los dos miramos

a la gente, abajo

cada una con su sombra.

 

Arriba un cielo...

sin nubes, azul

infinito de medidas

fuera de escalas.

 

La paloma me abandona

con seco ruido de alas

y yo regreso

a tomar otro café.

 

 

Comentarios4

  • Inma Flores

    Me ha gustado mucho este poema, Esteban, por su orinalidad. Un café y una paloma para volver a la cotidianidad y soltar una pesadilla.

  • Esteban Mario Couceyro

    Es que la vida, camina por un tenue sendero que se hace cornisa y vértigo, entonces puede uno aferrarse al pocillo de café, para no caer.
    El dilema del suicida es él mismo, sintiéndose algo así como un control remoto, que puede apagar una mala película, en el televisor de su vida.
    Pero a levantar los ánimos, gracias por tus palabras que llegan tan lejanas, a este sur invernal.
    Un abrazo
    Esteban

  • Darkness.cl

    Intensa y vibrante la atmósfera de tus versos amigo...
    Siempre grato leerte...recibe mi abrazo.
    Nancy

    • Esteban Mario Couceyro

      La fascinación del suicida..., la revulsión de la realidad, la necesidad dramática del protagonismo póstumo.
      Afortunadamente, están las palomas oportunas...
      Gracias amiga
      Esteban

    • GuillermoO

      Muy buen poema, la semejanza de la paloma con el suicida me parecio un hallazgo. Muy bien tratado el tema.
      saludos
      Guillermo

      • Esteban Mario Couceyro

        Gracias por tus palabras, el suicidio es un tema apasionante, no por la muerte, sino mas bien por la vida misma.
        Las razones, los rituales previos y ese intento de ser Dios..., o el autor de esa historia cesante.
        Un abrazo
        Esteban



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