gatoconbotas_58

Extraños en el tren (segunda entrega)



Ella extrajo un lápiz, era un lápiz plomo, yo mismo lo había utilizado alguna vez, no podía dejar de mirarla y como un impulso involuntario tomé una servilleta de papel y ella hizo el mismo movimiento entonces empezó a dibujar algo y solo imaginé acercándome con la servilleta hecha un jazmín y susurrarle algo como “eres tan bonita”… automáticamente me descalifiqué o mas bien me califiqué como un idiota, ella siguió dibujando, miraba por la ventanilla y dibujaba, solo campo, hacía ya varios kilómetros que solo se divisaba campo, vacas, algún caballo luego soja y mas soja y mas soja, era muy tranquilizador el paisaje aunque no siempre era así, el viaje era largo, la formación era larga, alguna vez tuve intención de recorrerla y llegar hasta la máquina, supuse que sería una muy potente máquina, algunas veces nos deteníamos para abastecernos y bajábamos por algunos minutos en las estaciones que parecían todas iguales, como calcadas, entonces los extranjeros aprovechaban para comprar recuerdos, pedacitos de pensamientos. Avancé para verla, conté más de veinte vagones y sin embargo no éramos tantos pasajeros – y sin embargo podíamos ser todos – entonces entraron al comedor ambas damas, yo las denominaba OR y JR, hacía mucho tiempo que utilizaba abreviaturas para nombrar a los pasajeros y números para significar fechas y emociones, tal vez era una forma de ordenar los archivos, o simplemente de sentir las cosas. OR era una persona mayor y muchas veces habíamos intercambiado opiniones, nos teníamos confianza, enseguida me saludo cortésmente, JR por el contrario me ignoró por completo, habíamos tenido una historia hacía algún tiempo pero lamentablemente sobre este tren nadie era lo que decía ser por lo tanto muchos pasajeros terminaban bajando en las estaciones más inverosímiles, por ejemplo bajar en Salta en pleno verano siendo española en pleno invierno, paradojas del destino.

 

“y van las letras cabalgando el destino
de los que soñamos y sufrimos desamparo,
de los que cantamos a los corazones helados.
Libre en la voz del viento vuela mi sentir escrito
como alondras de primaveras y veranos
y en la estación de los olvidos también se deshojan
silenciosos, de mi mano, llorando ángeles marchitos.”

 

No deseaba levantarme ni desocupar la mesa, ahora el salón se había colmado, había dos filas de mesas, cada una contra cada lateral del vagón y el pasillo al medio que era solo transitado por el mozo, ya no podía verla con la libertad que hubiese deseado, entonces estiré un poco el cuello para distinguirla entre algunas cabezas y noté que ella en cierto modo repetía mi movimiento, levanté mi mano derecha y ella hizo lo mismo, claro no era un espejo infinito, solo repetía mi saludo, me levanté y fui hasta ella no sin antes tropezar con el mozo lo que  hizo que ambos tuviésemos que colocarnos paralelos y yo dándole la espalda a la mesa justo donde estaba sentada OR y JR la cual aprovechó para tironearme de la remera, instintivamente giré y la saludé con un dejo de nostalgia y respeto, vi sus tremendos ojos azules y me pregunté ¿Quién es ella?. Finalmente y una vez librado del mozo llegué a destino.

_¿puedo sentarme?

_si, por supuesto.

Yo hablaba tratando de ser cortés y a la vez manteniendo la calma, estaba a escaso medio metro, a no más de 75 centímetros de sus ojos y de su boca y el deseo superaba cualquier barrera, era bellísima. Guardó su dibujo y me dijo “el tiempo no importa, lo que importa es la lluvia”, se levantó y musitando una leve disculpa se marchó hacia lo que llamábamos el vagón multimedia.

 

“y no tuve ya voz

ni colores ni viento”

 

Yo amaba la voz

esa que viene en el aire

que se respira

y que se escribe

tenue azul y naranja

por las tardes.

Entonces era tibia

y dulce la manzana

la melodía a mordiscones

se iba deshaciendo

pulpa y cáscara

satisfaciendo el momento

y un aroma de azahares

trasformaba el alma.

La hacía verano

muy a pesar

que el otoño amenazaba

a naturaleza muerta,

entonces miré en ocre

y la vi alejarse

como queriendo a otro

y las hojas empezaron a caerse

desde el primero

hasta el último verso...

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    No he tenido el placer de ler la primera parte amigo Gatoconbotas_58
    lo siento de verdad...
    Grata la lectura de tus letras
    Saludos desde Torrelavega
    El Hombre de la Rosa

  • Maria Hodunok.

    Maravilloso y difícil trabajo, poeta, pero salió perfecto.
    No cualquiera puede escribir así. Gracias por compartirlo.

    Cariñitos.



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