Oscar Perez

Los porfiados

Los porfiados

 

Sé que nada servirá de nada,

pero sé que aún así los dos insistiremos,

la historia lo demuestra, los porfiados

no van a parte alguna, pero ríen,

la historia lo señala, todo acaba,

no entiende el hombre que la paz está en sus manos,

que no vino a ganar, pues todo es suyo,

que no vino a perder, pues hasta él es de todas las cosas.

Y en todas algo tiene que conserva su equilibrio

y a todas algo trae que retrata su grandeza:

un labio que besar, un viejo verso

o un juntos caminar con esa luna que sonríe.

Por eso nada más hay que sentarse,

seguro los patriotas piden guerra,

seguro los guerreros, sangre y tierra,

y seguro la sangre derramada ya no sirve,

pues sólo es eso, sangre que nadie más recibe.

También están los sucios mercaderes

que te han de convencer de comprar todo,

de que debes trabajar, pues si no, no ganan nada,

y que tú así ganarás el pan sudado que mereces,

no quieren comprender que somos libres,

que hablar no es atraparte en un contrato,

que trabajar no es acatar perder la vida,

sino tu esfuerzo unir para que sea más hermosa.

Somos hermanos, no porque estés fumando hierba,

sino porque una madre, mujer entre mujeres,

pujó para sacarte de la nada deliciosa,

te trajo a sucumbir a esta belleza de ojos verdes,

a ser feliz más bien, y a hacer que todos lo seamos.

Pero en la tierra todos mienten, todos gimen

unos enseñando de la célula y el átomo,

otros de bellas declinaciones ya enterradas,

unos que un mapa traen de la usura

y del lugar que siempre has de ocupar, pues a eso vienes.

Nadie te explica de las alas que te dieron,

del río del amor que pasa a diario por tu pecho,

de la necesidad de que conquistes tu destino,

no con espada o fama o denarios o discursos,

sino con calmo ser el mismo ser que en ti has guardado.

No tiene para cuando la alegría,

pero aún así reímos, somos puentes,

sembramos mil manzanas en la atmósfera

y en un semáforo de sol la vida pasa sin mirar a ningún lado.

Detente tú, que en cada calle acecha un auto,

feroz, veloz y anda saber adónde marcha,

déjalos ir con tu ventana siempre abierta,

no volverán si no descubren que no hay nada,

no volverán si no comprenden que este sitio

es siempre el sitio en que entregar lo que les dieron.

Quédate aquí, fíjate cómo todo viene,

todo regresa, va y se devuelve hasta tus ojos,

hasta tú mismo que buscaste un árbol lejos

y has descubierto que la semilla estaba en tu alma.

Lanzo palabras, bien podrían ser estrellas,

o balas o camisas que al desnudo le aprovechen,

las lanzo sin pedir que tengan suerte,

sin esperar que se conmueva el carcelero

o que al abrir mis ojos se hagan puentes o panales,

las dejo más bien ir, porque, maduras,

ya saben lo que pasa y lo que quieren,

a solas hablaran contigo y con millones

o bien han de cerrar la boca tras tu abrazo.

La tierra sigue aquí, que no me quiten su belleza,

que los destrozos del patrón, del usurpado, de las musas

no mengüen su beldad ni su paciencia ni sus ríos,

el humus que he de ser sea provecho de las aguas,

de un mosco, de un escualo o de un simple saltamontes.

No pido nada más, ya me han brindado demasiado,

y decir esto gloria es por la que insisto,

reiremos, anudaremos nada más que un beso al alba

y por todos los caminos no seremos

sino el pie y la huella y la tierra

en que fundar felices cada siguiente paso.

 

http://fuerteyfeliz.bligoo.cl/

 

29 08 14



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