anfaber

SaLvAjItO y Su vIsITa A La CiUdAd



Salvajito y Damisela decidieron hacer una escapada a la gran ciudad con el fin de saludar a Catalina que andaba a estas alturas por los ochenta (y llueve) de su vida. La abuela pertenecía, según dichos de Damisela, a la más alta aristoGracia. Tan convincente había sido en su contar a salvajito sobre altitudes de esta y otros antepasados que el pobre se desilusionó al comprobar que la  anciana no pasaba del metro cuarenta… y que de gracia, que digamos, no tenía tanta. En realidad ningún habitante de la gran ciudad le pareció a salvajito poseedor de donaire alguno, muy por el contrario, marchaban apurados con un preocupante  aspecto de constipación y dolor de pies, aun aquellos que calzaban sandalias daban la impresión de andar pisando huevos….¡tal vez estar actuando!, se decía a si mismo salvajito,…..y con este  pensamiento extrañaba su apacible cabaña en lo alto de un ombú….
Damisela, en tanto. buscaba desesperadamente en los escaparates  disfraces  para ella, su esposo, e Hijo, quien por- su- puesto (de hijo) los acompañaba ¡Es que debemos estar presentables! , decía Damisela a salvajito, con una seriedad que a él le resultaba  desconocida y desconcertante...sobre todo por no entender siquiera lo que significaba estar “presentables”….
A él y a Hijo les eligió un montón de trapos a los que en su conjunto llamo “traje” pero que no traían nada, además de  un lamentable calor y muchas molestias a los condenados que lo llevaban  puesto  .Ser “presentables” resultar sumamente incomodo, decía salvajito a Hijo, (que a esta altura buscaba la forma de  escapar rumbo a su amada selva)
Damisela se vistió con abundancia de telas sedosas y brillantes y quedo verdaderamente bella, pero esta hermosura  oculto de ella un costado que a salvajito había mantenido enamorado hasta el presente!
Lo peor de todo lo ocurrido era ver a Damisela almidonada, ¡tan almidonada como las telas que llevaba puestas! esta no parecerse a mi Damisela, decía salvajito preocupado,  tan preocupado como todos los constipados de la ciudad.
Ya verás el bienestar del que goza mi abuela, dijo orgullosamente Damisela a Hijo mientras se dirigían a casa de Catalina a tomar el té…. papá siempre decirme  que bienestar ser golondrina pasajera pero bienSer  durar por siempre, balbuceo como respuesta Hijo ( en tanto a papá salvajito se le iluminaron las siete chacras de una vez y alguna que otra quinta también).Damisela observo como las palabras de Hijo despertaban  de nuevo su conciencia y agradeció en un arrancar corbatas y cinturones que permitieron, a salvajito  e Hijo, de nuevo respirar.

Andrea B.

Comentarios1

  • rosamaritza

    este relato me entretuvo un buen rato, al pensar que cada quien tiene una damisela que controlar y un salvajito que enseƱar, un abrazo amiga del alma



    rosamary



    • anfaber

      GRACIAS!...PERTENECE A UNA SAGA...ES TODA UNA AVENTURA!



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