Jesús Lantigua

ELLA PASA

 

Lleva la lujuria prendida a las caderas,

tensando cuerdas invisibles

que intentan virtualmente detenerla;

pero ella…

ella desanuda los adoquines

poniendo seguridad al ruido de sus tacones

soportando el asedio con orgullo contenido.

La mañana se desgaja sobre la calle

y diciembre huele a hembra…

a hembra que alienta,

decorando con curvas las ansiosas pupilas.

Ella, se aleja

suscitando toda suerte de miradas arrobadas.

Calle abajo, se siente aun el taconeo,

la fragancia inquieta,

y  se adivina la silueta hermosa

plagando de sueños las vidas perdularias.

Comentarios4

  • nellycastell

    Muy bella manera de describirla como solo saben hacer tus magistrales manos de artista. Te abrazo mi amigo querido.

    • Jesús Lantigua

      Nelly, un abrazo y mi agradecimiento.

    • El Hombre de la Rosa

      La espiritualidad adorna las estrofas en tu genial poema amigo Jesús...
      Saludos de afecto y de amistad:
      El Hombre de la Rosa...

      • Jesús Lantigua

        Gracias amigo. Un placer saludarte despues de un tiempo sin contactar contigo. Abrazos.

      • Cuervo4141

        Muy bella descripción. Un saludo

      • la negra rodriguez

        Y te ha sacado henmosos versos.
        Me haces recordar un poema de una eciuatoriana que se llma "Elk hombre que pasa"
        no has pasado por mi galeria viendo tu escudo

        besos.

        • Jesús Lantigua

          Gracias, por tu mensaje. Bueno, me gustaria leer el poema que dices. Vi mi escudo en tu galleria. Hermoso!!!! Gracias. Un beso.

          • la negra rodriguez

            EL HOMBRE QUE PASA
            Es como un joven dios de la selva fragante,
            este hombre hermoso y rudo que va por el sendero;
            en su carne morena se adivina pujante
            de fuerza y alegría, un mágico venero.

            Por entre los andrajos su recio pecho miro:
            tiene labios hambrientos y brazos musculosos
            y mientras extasiada su bello cuerpo admiro,
            todo el campo se llena de trinos armoniosos.

            Yo, tan pálida y débil sobre el musgo tendida,
            he sentido al mirarlo una eclosión de vida
            y mi anémica sangre parece que va a ahogarme.

            Formaríamos el tronco de inextinguible casa,
            si a mi raza caduca se juntara su raza,
            pero el hombre se aleja sin siquiera mirarme.

            AURORA ESTRADA Y AYALA
            ECUADOR



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