RaulBravo

Capitulo 1.

                                                                        1.

Es otoño y estoy  sentado en un café llamado Café de Flore, hay mucha gente y al parecer, el dueño del local cada otoño otorga un premio a un autor prometedor, que consiste en una recompensa económica, una copa de vino blanco Pouilly y a tomar café durante un año en una copa grabada con el nombre del premiado. Llevo sólo unos días en París y ya estoy enamorado de esta ciudad. El hotel en el que estoy alojado, Millesime Hotel, no está a más de doscientos metros de aquí. Llevo un pequeño mapa que compré en el aeropuerto de Madrid y una libreta pequeña donde voy apuntando cosas, como por ejemplo los sitios que tengo que visitar.                                                                                                                                                          Me ha llamado la atención una chica, está sentada a dos mesas de la mía, y es que cuando la he visto doblando la esquina del local, un viento me ha barrido la cara y ha sido como: Aquí está ella. La naturaleza me la ha presentado. Me resulta difícil no mirarla, es demasiado atractiva. Está tomando un café con leche y remueve el azúcar mientras lee un libro que no consigo averiguar cuál es. Pienso en lo que estudié de francés en el instituto para hablar algo con ella y, lo único que recuerdo es que no se me daba muy bien. Me levanto y me acerco a su mesa.

– Salut!, comment tu t’appelles?- No estoy seguro de haberlo pronunciado bien.                                        –  Pardon?-Dice con una media sonrisa mientras se quita las gafas de sol y veo sus ojos color marrón.                                                                                                                                                                         – Em… ¿Cómo te llamas? ¿Hablas español? ¿Parlez-vous Español?-

– Je ne comprends pas.- Creo que eso significa ‘’no entiendo…’’

Después de unos 10 segundos mirándonos mientras yo pensaba qué decir, ella comenzó a reír y el que no comprendía nada ahora era yo.  

– Ja ja, sí, hablo español. Tu acento francés es tan gracioso…Me llamo Sophie- Sonrío y respiro aliviado.

- Ja ja ja, ¿te importa que me siente contigo?

-Claro que no, siéntate.

 Voy a la mesa en la que estaba sentado para coger la libreta, el mapa y mi café y me siento con ella.

- ¿Y qué es lo que te ha traído a París?- Me pregunta.

-Un avión… En realidad no, me han traído dos. Uno de Málaga-Madrid y otro Madrid-París.

-Vaya, que gracioso. Ya en serio, ¿por qué estás aquí?

Justo cuando voy a decirle el motivo por el que estoy aquí, me doy cuenta de que el libro que estaba leyendo es Historias de Cronopios y de Famas, uno de los libros que leía cada día en Málaga.

-¿Te gusta Cortázar?- Le pregunto

-Sí.- Dice en un tono seco y muy seguro.

No es que me haya sorprendido su respuesta, pero llevamos un rato en silencio. Pienso si le ha molestado mi pregunta, la respuesta era obvia.

-Soy profesor en Málaga. Doy clases de física en la Universidad, mejor dicho, daba clases.

-¿Te han despedido?

-Lo he dejado.

-¿Por qué?

-No me sentía cómodo mintiendo en cada clase, escribiendo en una pizarra palabras frías y vacías. Cada día era una actuación.

No miento. No sé por qué escogí esa dichosa carrera. La ciencia es una mentira, como la religión.

-Vine a París para desconectar de la gente que conozco, incluida mi familia. No les parece bien que haya dejado mi trabajo, pero no quiero pasarme la vida engañándome. No quiero hacer eso y no lo voy a hacer.

-¿Qué apuntas en esa libreta?- Me dice señalando la libreta.

-Ah, esto. Es una especie de ‘’ruta’’ que he hecho. Sitios que visitar y  esto otro-Digo cogiendo el mapa- Un mapa para no perderme.

-Qué pena. Si no levantas la vista  mapa, te pierdes el recorrido. En mi opinión, el recorrido es más bonito…

-Estoy de acuerdo, pero sin mapa estoy perdido.

-No si vas con alguien que conozca la ciudad, pide la cuenta y vámonos.

Pido la cuenta, pago y nos vamos. Vamos por un camino rodeado de árboles cuyas hojas caen al suelo y crujen al paso de nuestros pies. Justo se pone a llover. 



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