Onelia Lor. Kaede

Enamoramiento

Por el paseo de arboledas y lagunas,

De caminos abstraídos y hojas lodosas.

Por la finura de la noche venturosa,

Noche de aliento sombrío –lánguida brisa–.

Por llevarte de mi mano en infantil huida

A vislumbrar fugacidades espectrales,

Pretendidos númenes preclaros,

Que mueren risueños al mirar en los luceros

El aspecto de sus trajes taciturnos.

¡Por acompañarme de tus sueños entiendo la vida!

 

¡Ah! La verdadera apariencia de la vida,

De sentir el correr del tiempo hacia los lagos,

Al raudal de asomados versos entre las hojarascas.

Mi voluntad de gozo y amor (¿será amor?),

Arrebata a manotazos y sorbos los poemas del rocío,

Del pálido trigal, de la música de orvallos,

Del suicidio de las flores amatorias

Que dormitan en el soplar de abril

Para morir en otras lejanías donde no las añoren.

 

¿Y si no te supiese mía?

Vería las noches trocadas de neblinas,

El llorar del cielo sería vaga lluvia,

El romper de las flores marcescibles

Confesaría la simpleza del tiempo y del otoño.

 

Si no te mirase como ahora, revuelta en la llanura,

Averiguando en la nube la suerte de nuestra vejez,

Aspirando los rumores del umbral edénico en los pétalos…

¡De no sentirte a mi lado mía, sólo mía!

No sabría apiadarme de poemas

Que narran corazones vacíos y mudos

O versan soledades muertas e indecibles.

 

La muerte sería apetencia incurable sin ti.

El frío de tu ausencia correría venalmente

Del resquicio de mi corazón

Al suspiro que fallece entre mis labios.

 

Si no vivieses a mi lado amiga dueña,

Sabrías encontrarme vuelto olvido,

Vuelto sombra, a la orilla del nocturno lago

Que refleja con su espejo inapacible

El detonar de tu mirada tierna

En ínfimos destellos de ti misma.

Y sería yo la sombra sobre esa sonrisa tuya

Que brillase en un instante, acaso,

En la inocencia de tu mirada.



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