Afelío

Sólo tú solo.

Más que gusto suele ser costumbre la insufrible soledad,

soledad amiga hasta que descubres su inexistencia,

hasta que un grito en la nada justifica tu presencia

y se araña en sollozos un anhelo de paridad.

 

Somos tantos y tantos, muchos más de los que pensamos, habemos millones y demasiados humanos, personas, infiernos para acompañarnos, pero muchos deseamos irnos solos en barco a conocernos sin instintos en charcos, salpicando el trato con desagrado e indiferencia, mas no comeremos ansias, tomaremos conciencias, procuraremos audacia, se robaran tu inocencia la magia del Atlas, la vivencia de otras etapas, la lupa en el mapa y el placer de la cupula encinta en desgracia, los demonios asoman, vigilan la estancia, conocen la ciencia de la herida intacta, la dolencia en grupa tras la solapa de quien escapa y escampa escarpas demoradas, muros hablan en moradas y doradas luces danzan como estrellas en picada hacia el alma desnuda del alba, buscando la paz en su vulva, en el cariz de su carma ahonda libre la especia nocturna que extiende sus alas de pronto y en cama sorprende a la dama: destello en luz de luna; amaina su espalda y anuda las ganas de incienso y ternura, sí premura engalana azotando el encuentro, diatriba y tormento, enjuto arrebato de un tiempo ya muerto, vuelto santo en adeptos del campo, abyecto y de luto, pasado el rato no importaran los asuntos y de aquello olvidado nacera el futuro.



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