hajedor

Señora Onix

Navegas impávida y majestuosa

en compañía del pájaro fugaz.

Vuelo unido en flama amorosa,

que alimenta la esperanza tenaz.

Eterna sombra del tiempo,

erguida, impetuosa y altanera.

Celosamente guardada en cuerpo,

la vida se desviste a tu manera.

En sueños navegas

por el éter de la existencia.

Tiempo en que entregas,

a las almas, su conciencia.

Luces desmedida, en tu afán

de competir con la existencia.

Envuelta en oscuro tafetán,

tu mayor virtud, es la paciencia.

Sublime y perversa ilusión,

que cautivas y profanas,

con desmedida pasión,

vidas y esperanzas vanas.

Cuando recuerdo tu presencia,

una sensación de levedad, de ingravidez,

se apodera de mi vida, de su esencia.

Me hace suspirar por mi destino.

El pensamiento pierde lucidez,

y no puedo ver la senda del camino.

Si existes, es por necesidad,

aunque a veces, no este justificado,

que procedas contra el bien, o la maldad,

sin distinción o cuidado.

No se puede decir que estemos condenados,

nuestra naturaleza humana es redentora.

Y si algo nos ha sido legado,

es tener una mente soñadora.

Pero que esperanza abriga,

quien no se sabe eterno.

Sí, solo la vida es amiga,

de lo que vive bajo el cielo.

La vida es un gran viaje de aventura,

con sus circunstancias o vivencias.

Que dibujan con soltura,

un camino a cada conciencia.

Se que el tiempo, a nadie espera,

y si algo he aprendido en este mundo,

es que no se debe vivir de una manera,

que te haga sentir un moribundo.

El tiempo, con altanera elocuencia

nos enseña su verdad.

No basta con sabiduría y paciencia,

obligados estamos a vivir su realidad.

Porque los males nos aquejan,

la angustia y el dolor también.

La vida y la esperanza se alejan,

solo se vive el anhelo de un réquiem.

Vivimos con tu sombra,

inseparable y cotidiana compañera.

El temor, el miedo, son tu obra

por todos los confines de la tierra.

El destino está signado por tu mano,

cual contrato obligatorio.

No es del razonar humano,

entender, de la vida, su carácter transitorio.

Si bien es cierto,

todo es una ilusión.

El tiempo da conocimiento,

pero acaba con la razón.

No debemos juzgar,

por que las cosas malas pasan.

Solo, con fe, aceptar

que en Dios debemos tener confianza.

Recuerdo ese día,

como si fuera ayer.

Me invadía la melancolía,

en ese largo anochecer.

Tu te la llevaste,

como el ladrón de ilusiones.

Un gran vacio nos dejaste,

en nuestros corazones.

Arrancaste de mi alma,

el árbol de la serenidad.

Ya en mi vida no hay calma,

pero aprendo a tener humildad.

Con tus acciones nos recuerdas,

que solo somos polvo.

Vivimos iluminados por quimeras,

en este viejo purgatorio.

No somos perfectos,

porque vivimos de una gran ilusión,

que se alimenta de vanos sentimientos,

y se auto destruye sin compasión.

Pero el dolor y la pena pasan,

y vuelve el amanecer.

Renacen la fe y la confianza,

en la forma, en que Dios suele proceder.

Todo comienza otra vez,

un nuevo plazo es iniciado.

Con alegría y avidez,

la vida hace su llamado.

Un brillo de gran resplandor,

que hace estremecer el alma.

Es el fruto del amor,

por el que la vida clama.

Los días van y vienen,

las ilusiones y desengaños, también.

La vida, como el tiempo, no se detiene,

y en su pasar, hace que todo cambie.

Para bien o para mal,

solo nos queda aprender.

Todo y nada es real.

Abre los ojos, y llega otro amanecer.

Sueños y esperanzas,

alegrías e ilusiones.

Brota, llena de confianza,

la fe en nuestros corazones.

Aleluya¡ Aleluya¡

Sí existe la esperanza,

cada quien tiene la suya.

Sea a Dios nuestra alabanza.

Bendito sea nuestro Dios eterno,

único amor fiel y misericordioso.

Llenas nuestras vidas con amor paterno,

mientras esperamos su regreso glorioso.

 

 



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