jesusmoreno

Tonterias

ningún lugar, 25 de mayo de 1985

Para: la tonta más tonta de las tontas.

Luz fría que no consuela el tirito de un tizón de candela que exánime respira sus últimos segundos de vida, te pedí que me abrigases a mí, ser que te ha adorado, poeta grato que ha velado tu desconsuelo cuando atraída por algún deseo mortal desfallecías y oculta entra las nubes al ver que no es tuyo sufrías. Yo, perro fiel, vasallo leal, sufría lo mismo que tu una de esas noches de mayo, y no consolaste mis sufrimientos, ¡ay! Luna, luna, luna… sincera amiga distante, frio regazo que no puede consolarme.

Era claro que debía irme esa noche de mi casa, me sentía bastante descontento con mi vida, sollozaba sentado en el alfeizar de la ventana, escuchando en el fondo de la noche, por entre los edificios enmohecidos las notas que provenían de la guitarra de algún ebrio vagabundo, sentía nostalgia. Anterior a esa agonía que me acaecía te había visto partir de mi lado, no quería permitirlo, te he de confesar que mi deseo intenso era correr detrás de ti pero… ¿Mi dignidad? ¿Mi orgullo? ¿Dónde quedarían mis miedos y atavíos mortales? Corrí muy aprisa en dirección opuesta a la tuya deje a un lado cualquier medio por el cual tú, corazón de cambiantes sentimientos, te arrepintieses y volvieras a mí, sentí que era perdido siquiera intentarlo de nuevo, por eso cuando años después volviste hasta mi portal no encontraste ni seña de mi existencia, pensaste: “se ha muerto”. Supe que lloraste mucho, me lo dijo doña Trinidad, la recuerdas, la viejecilla de la pensión, una mujer bastante intrigante; me he topado con ella en la nueva ciudad donde me he residido, me conto todo, ¡tamaña retentiva tiene la mujer! lo ha dicho al parecer todo con precisión, claro que de seguro un poco más habrá agregado. Sé que entraste desesperada en la pensión y subiste con premura hasta la habitación que resguardo nuestra pasión, sin tocar entraste, pensando que me encontraba allí detrás de la máquina de escribir golpeándola en busca de algo de inspiración, pero… no; te encontraste con una pareja que concebía una pasión prohibida, reventaste a llorar y preguntabas por mí sin parar. ¡Ah! El ego humano: me embargo una misteriosa sensación al saber tu reacción, pero no creas de satisfacción por tu sufrimiento, no, eso jamás, más bien fue una sensación de desesperanza y arrepentimiento de no haberte perseguido hasta el fin del mundo. ¿Qué sucedió amor eterno? Cuando te fuiste note en tus palabras la tenacidad e imperiosidad de una diosa, no creí que algún día faltases a tus severas palaras. Quise, debo confesarte, salir corriendo hasta donde tu estabas pues me han dicho que hiciste alquilar el mismo cuarto donde nos amamos tantas noches y te has residido allí a tocar vagamente  el cello que con maestría ejecutabas para mí, musa de todas las artes, terrenales y celestiales, enloqueces por ver cuán estupidez cometiste en tus años de mocedad, anterior hable de ego, ahora lo digo honesta y con la humildad más sincera: como yo habrá de haber miles de hombres mejores; eso es un hecho, más cultos, más agraciados, más nobles… en fin hombre de incontables virtudes bien vistas por aquella que busca un compañero. Pero… querida mía, tú, ser tonto, nos condenaste a la soledad, tu alejada de mí y yo alejado de ti, como errantes almas sentenciadas a una eterna búsqueda que no ha de completarse nunca. Aprendiste de manera dura que el amor verdadero no se acomoda a intereses, nuestros intereses se acomodan a ellos.

tuyo, el tonto más tonto de los tontos.



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