Henry V

El roce de una semilla no florece...¿o sí? (basado en un hecho real)

 

 Centro  de Aguascalientes, 

día veintidós del otoño.

El  espíritu de los libres baila con  el domingo

en el jardín de la plaza.

 

 La tarde, en su estuario rojizo hacia la noche,

Deshoja malvones blanquirosas  sobre   las ondas del viento.

Don Picacho, abre sus ojos octubrinos;

Contempla   el despeñe de  esa mortaja

Y regresa al sueño   de  la  Asunción.

 

 Catedral cubre su frente cantera  de velo sombra;

Su cuerpo   se alinea sobre  el perfil  del ocaso.

La entraña broncínea, de voz  novohispana, en cada torre, 

Repica historias  en la fe  de los libres,

En la visión de la excedra .

 

 

 

En el zócalo, la bandera ondea augurios de lluvia.

La boca de un palacio

espera esa sandía de  semilla  Aguilar-serpentina.

Redoblan tambores.

 

 

 Luisillo,  sienta la apatía frente a los honores,

Escucha  cajas  y latón desnudar el asta:

Desea izarse,por el cuello,

a media  lanceta en nombre del vacío.

LLeva un morral con la línea de un cadalso en nudo.

LLeva una lista de culpables.

Lleva esa decisión infranqueable.

Se cerciora de que  no les hayan salido alas

Como a su fe.

 

 

 Temisa, lleva en el cajón de una guitarra esperanza  al vacío.

 Una parábola desfiguró su cara de indiferencia rabiosa

(Le crecé  una de entusiasmo como Lantana en el trópico ):

“Existía una aldea. Nunca tenía sol.

 Una  montaña le hacía sombra.

 Niños crecían raquíticos. 

Un  viejo  se fue con una cuchara.

Le preguntaron:

-¿ A Dónde  vas?

-Voy a mover la montaña con esta cucharita.

- Nunca podrás.

-Sí, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar.”

Dice esa  historia

después de dos  canciones  de protesta contra   el suicidio.

Algo se  estruja en   la historia  de Luisillo:

Quizá fue  la imagen del cuento,

quizá la cuentista y su  boca de guerra,

La influencia de  su piel, o  su tono de confianza;

Quizá el pretexto  para no morir esa noche:

Desiste,

mientras la lluvia  acelera el paso de los  libres y la oscuridad.

La plaza solea de abandono,

Sólo  las palabras  de  Temisa, rondan la noche   de Luisito.

La plaza pudo haber estado más sola  con un cuerpo – bandera

Sin embargo,  vagará libre un día más,

recordando unos labios de guerra  por acechar: 

A Luisillo lo rosó  una semilla. 

Un roce de semilla no florece...¿o sí?

 

 

 



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