RICARDO ALVAREZ

1- ASÍ NACIMOS - 2- LAS RODILLAS DE TERESA

1- ASÍ NACIMOS

 

 

En la recia tarde

fustigada de ráfagas

el alma céntrica del otoño

lleva entre los arboles danzando.

el orquestado silencio...

de maderos de fuego.

en los brazos horizontales,

equilibra el incendio del lirio/

 

En laderas de volcanes/.

sumerge su lava al

volumen de nuestras bocas

que van preludiando un robo anticipado.

.

En la llegada del tardío crepúsculo

con nuestros labios en tramada guarida

ocupamos el espacio

de un amante poblado.

 

 

Nubes de pañoletas.

   Sonora caracola ebria.

     Te aclaras en el humo y

rasgas violines en las ramas caucas

como divina melodía

extraída del viñedo de los suspiros

a nuestro amor de latido/

.

La tarde muestra su pecho

de llama inclinada y

giran en las órbitas

sombras fluorescentes de nova/

Lumínica estrella

bruñida en el primer siglo

de la pasión,

se ancló en las bocas pasionarias/

 

Amor,

así nacimos,

con ecos de pólvora

plegados al brillo de los cuellos.

Somos el cosmos sensual que asciende

en los hemisferios pesados del beso/

 

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2- LAS RODILLAS DE TERESA

 

 

El amor se lleva el escombro

de todo lo lánguido.

Las estructuras ferrosas del pasado,

el lívido desaliento que teje adornos

en las flacas tumbas.

 

El rostro del amor es bello y cálido

no como esas frías catacumbas

de capullos gélidos.

donde la espuma de los pechos

rosados ardía en las hogueras polutas/

 

Idolatradas putas eran cara

de reinado o vírgenes de acuario

que no habían mojado sus faldas.

Príncipes y reyes amanerados

con la mano del cuchillo hidalgo

en la hostia bendita lavaban sus pecados.

 

Cuerpos de seda aterciopelada,

finos labios adelgazados a presión.

En los indolentes atuendos

de la risa

usaban máscaras fijas.

El bélico amor que no se rinde

galopó en las riendas de Juana de arco,

le habían dado un alma de lana

y una mision de puñal ensangrentado.

 

Se arrodilló la Madre Teresa al besar

la mano del Vaticano,

cuanta deuda hermano

tenían las fosas de las cúpulas

y la insigne moneda de su estado

ante la mujer que azotó la tempestad

del hambre y hoy yace bajo la tierra

como un símbolo de prédica

útil para ornamentados santuarios/

Con certeza que esas bibliotecas lúcidas

la nombran en históricos diccionarios/

 

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