Guillermo Osorio

ESTA SOLEDAD QUE ME DEJO ALGUNA

 

Se llamaba Ana y no le gustaban las limusinas,

como tampoco en los moteles dejar propinas,

compraba corazones sin memorias,

pensiones gastadas con repetidas historias.

Yo quería que sea algo más que tres horas,

una princesa de teatro, no una falda seductora,

y a menudo tenia la prisa de ese maldito “te quiero” de poesía,

y como un teléfono en la estación del tren se olvido que yo existía.

 

Se llamaba Rosario y no era aficionada a rezar demasiado,

los domingos de misa jugaba a ser santa en un hotel abandonado,

después de manchar las sabanas recorría confesionarios

y le contaba a un extraño de pecados involuntarios.

Y quise olvidarla en medio de un sueño,

y aprendí que si el pecado es grande el amor es pequeño,

ella no me dijo porque amaba de esa manera,

pero si hoy llevo un rosario recuerdo como era.

 

Por eso siempre visto al corazón para la ocasión,

ellas me enseñaron que ser mujer es una profesión,

y entre tantas otras cosas las llaves del cielo,

son las mismas que la de un motel de medio pelo.

 

Se llamaba María y de virgen tenía el nombre,

el día que me enamoró ella dejaba a otro hombre,

coleccionaba heridas del corazón,

su lugar favorito hacerlo en el balcón,

y no sé por qué quiso una noche de bodas,

quizás se canso de ser la más puta entre todas,

y yo que la quería no la quise defraudar,

pero el amor no era algo que ella pudiera asimilar.

 

Se llamaba Luz y le encantaba la noche más que cualquiera,

y no tenía problemas de olvidar con el whisky quien era,

bailaba con una gota de adicción en los pies,

sus mejores caricias las de antes y las de después,

recuerdo que era rubia aún la recuerdo así,

me dijo “cásate conmigo” era una mentira que no entendí.

 

Por eso siempre visto al corazón para la diversión,

ellas me enseñaron que se mujer es una profesión,

y entre tantas otras cosas las llaves del cielo,

son las mismas llaves que las del pecado del suelo.

 

Y aunque me duerma pensando en una,

a la mañana siguiente no estaré con ninguna,

sino con esta soledad que me dejo alguna.

 

Las Mercedes 19 de junio 2012

                  

Comentarios1

  • Guillermo Osorio

    Muchas gracias maga. Me alegro que haya sido de su agrado, la verdad da para hacer una canciĆ³n del poema. Un beso!!



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