Juan Manuel Hernández.

LA MUJER PERFECTA (PROSA)



LA MUJER PERFECTA (PROSA)

 

 

Caminando un día perfecto por el parque,

tomados de la mano para expresarles a todos

su situación.

Ella con su cara sonriente, pero nerviosa a la vez,

él con la mirada distanciada, sin nada para decir.

Después de un rato andando, en una banqueta

se posaron, ella oliendo el perfume de una flor,

el con la mirada puesta en las aves que emprendían

vuelo hacia el Sur.

 

Se tornaba incómodo el momento,

ya que el nerviosismo no sacaba tema

de conversación.

Ella lo miró, y con un sutil suspiro lo nombró;

El su mirada volteó, y simplemente la abrazó.

 

Ella, para escuchar su voz algo le preguntó:

''¿Para ti, cómo sería la mujer perfecta?''

Él la miró, y no respondió.

''¿Por qué no me respondes?''

ella extrañada preguntó.

''¿Es necesario?'' El preguntó.

Mientras tanto ella con su cabeza

afirmaba que si lo era.

El chico suspiró, y con una sonrisa

tranquila, suavemente respondió.

 

 

 

 

''Para mi, la mujer perfecta es aquella

que es un ejemplo de superación.

Aquella que no tema decirle al mundo

qué es lo que quiere, aquella que luche

por su ideal,

Aquella que tal vez no sea tan romántica,

pero que con un TE QUIERO,

entibie al corazón,

La mujer perfecta es esa que

se le vea fuego en la mirada,

que sea valiente al hablar,

y que nunca, por nada del mundo,

tenga miedo al amar...

 

A la mujer perfecta le debe gustar la poesía,

esa que por ella escribo cada día,

mujer perfecta,

la que tenga la sonrisa capaz de

enamorar a cualquier escritor.

 

La que no tenga problemas

al aceptar a quien tiene a su lado,

Mujer perfecta,

Esa que esté dispuesta

a dar su vida por quien ama,

La mujer perfecta,

es aquella que con su sonrisa y su mirada,

me demuestre que estaremos juntos

sin ninguna condición.

 

La mujer perfecta,

es esa que logre enamorarme a diario,

y que, a pesar de mis actitudes,

siempre esté allí para apoyarme.

 

La mujer perfecta,

es aquella que tenga carácter,

y es aquella que me recuerde,

que no siempre tengo la razón.

 

Que no se le quite nunca el brillo a su mirada,

y que su sonrisa siempre se mantenga reflejada,

que las rosas con su voz se sientan cautivadas,

y que al final del día, su mirada no esté cansada.

Esa, es la mujer perfecta para mi, sin apariencia,

sin una actitud sutil, ni cuerpo a la perfección,

Su sonrisa, solo eso, hace que por ella sienta amor.''

 

Ella sorprendida, solo comentó,

''Pero yo no soy así.''

 

El solo sonrió, la abrazó,

en la frente la besó,

y sutilmente respondió,

''siempre lo he sabido''

 

Se levantó de la banqueta,

y emprendió su camino solo,

mientras que en la banqueta,

una lágrima cayó en aquella

flor de perfume arrollador...

 

Juan Manuel Hernández.

<Aquellas historias de amor.>



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