luisa leston celorio

DOÑA PAQUITA Y SUS DAMITAS.


AVISO DE AUSENCIA DE luisa leston celorio

Os saludo amigos.
Intentaré entrar más a menudo aunque no sea tanto como deseo.
Por razones de problemas visuales no puedo estar en el ordenador, por esa razón no podré hacer muchos comentarios, pero abrí para intentar comunicarme poco a poco con todos ustedes porque os hecho mucho de menos.
Un abrazo.


Doña Paquita se sentía muy dichosa por la hermosura y
elegancia de sus hijas. Doña Paquita era viuda de un doctor
muy famoso que a su muerte la dejó económicamente
bien pertrechada. Era una buena señora; quizás, un tanto
pretenciosa.
Presumía de cómo sus hijas eran dignas de ser damas
de compañía de una reina por su buena escuela y enseñanzas.
Eso parecía ser la Señorita Marta, una damita muy bien
ilustrada. Siendo la mayor ya estaba en edad casadera,
muchos la pretendían, pero su corazón sólo por uno suspiraba.
La segunda, Adela, la tenía bien casada, con un médico
que en el mejor hospital de la provincia la medicina practicaba.
La más pequeña, aun pollita, por la capital estaba, en un
colegio de categoría, para aprender como sus hermanas a
comportarse como una verdadera dama.
A su hija mayor la pretendía un joven de buena familia;
familia, muy acaudalada, que en el pueblo veraneaba en
una hermosa mansión. Eran muy conocidos por su gran
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posición. La familia accedió al noviazgo ciertamente por
ser también de buena estirpe y una joven muy distinguida
y bien educada.
La muchacha y su novio estaban muy enamorados, por
lo que pronto decidieron celebrar su petición de mano. A
este acontecimiento no podía faltar la hermana menor, ya
que sería una buena oportunidad para iniciarla en las artes
de alterne entre gente de postín, que llegarían de la capital
y del resto de la comarca .
La niña que se había ido para la capital a estudiar, llegó
a su casa hecha una hermosa damisela. No sólo elegancia
y distinción en ella se vislumbraban, sino que también la
mocita tenía simpatía y gracia.
Fue la admiración de los invitados en tal acontecimiento,
tanto, que los novios quedaron ensombrecidos, siendo
ellos los principales del evento.
Aquel verano la jovencita fue la comidilla del pueblo.
Por ser tan moderna escandalizó hasta al clero, ocurriéndosele
tal cosa como ir a misa vestida muy descocada.
El Señor Cura le ha dicho: ¡Eres una desvergonzada!
Salir a lucir el palmito le gustaba. A las horas del paseo
cruzaba por el pueblo ante las miradas de los mozuelos,
con pantalones muy cortitos y la camisa atada por encima
del ombligo, es decir, enseñando con descaro sus encantos.
Alguno le decía: ¡Así niña, así se luce el palmito!
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-¡Que desfachatez! la hija de Doña Paquita, a todo el
pueblo escandaliza.
-Sí, ¡La muy atrevida, fuma como un carretero!
-¡Además, bebe y se codea en el Casino, sin vergüenza
alguna, con los caballeros!
-¡No, no es como su madre, ni tampoco como sus hermanas!
-¡Esas si que son unas verdaderas damas!
La pobre Señora, sonrojada, preocupada y llorosa,
lamentaba el poco decoro que su hija mostraba.
Reprimendas de sus hermanas y su madre, castigos y
súplicas, nada le preocupaba, seguía su juego que era
como disfrutaba.
Mientras, suspiraba de pena la Señora Paquita. Las aduladoras
la consolaban con dichos muy estudiados ya que
no querían perder su amistad tan preciada, porque les daba
categoría ser amigas de esta dama.
-¡No sufras mujer!, es una jovencita que viene de la
capital y allí estas cosas se estilan.
-¡No te aflijas Paquita!, que es cosa de jóvenes, la moda
esta cambiando, lo que ocurre es, que en los pueblos ya
sabes…a estas pobres gentes ignorantes, todo les produce
escándalo.
No consolaba esto a la familia de la criatura, ya que de
ignorante no querían tratar a la gente y mucho menos al
Señor Cura.
-¡Jesús que vergüenza! ¡Qué dirán de nuestra familia!...
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Tampoco era tonta para dejarse regar sus oídos, pues
bien sabía que esas mismas señoritingas que la consolaban,
por detrás de fresca y mal criada a su niña trataban.
Pronto se enteraron cómo se burlaban de la Señora
Paca, repitiendo lo que con grandeza proclamaba a boca
llena de sus hijas amadas:
-Mis hijas están educadas para ser damas de compañía
de una reina, ¡Oh, si en España la hubiera!
¡Qué penita! ¡Qué dolor trajo consigo la jovencita! Era
tal su prestancia, que algunos la lisonjeaban y ella viéndose
alagada más coqueta se mostraba.
Llegado el fin del verano la damita retornó al internado
trayendo un poco de sosiego a la familia y alejando por un
tiempo los cotilleos del pueblo.
Para tranquilidad de su madre y hermanas, el prometido
de Martita en el colegio la visitaba. De esta manera
controlaba si la niña iba dejando de lado esos modos tan
descarados, que por otro lado a él le hacían tanta gracia.
Las visitas cada vez eran más frecuentes. A casa de su
familia la invitaba, y era recibida con cariño ya que pronto
emparentarían.
A medida que el tiempo pasaba, las visitas a su prometida
cada vez más se posponían por causa del trabajo o por
causas inventadas.
Llegó un día en el que la Señorita Marta expresó que
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algo sospechaba, ya que su amado no le mostraba tanta
atención ni complacencia. De ella parecía que ahora todo
le molestaba.
Los encantos de su hermana y los frívolos coqueteos lo
apartaron de su vida.
La novia que ya había concedido su mano a aquel joven
que soñaba que sería el hombre de su vida, se quedó desolada
al descubrir la traición de su amado y su hermana.
La boda del año, no, la del siglo ha sido.
El escándalo del año, no, el del siglo ha sido.
El ver a la apenada novia asistir al enlace de su hermana
y su prometido causó sentimientos encontrados:
Compasión y morbo. Por eso la boda en el pueblo no se ha
celebrado.
No mucho tiempo pasó cuando una nueva desdicha
llegó. La joven a pesar de ser madre de dos preciosos
niños no cesaba de viajar de un lado para otro en busca de
diversión. De fiesta en fiesta buscaba regocijos, no cansaba
de tanta diversión, escándalos y lujos. Le encantaba el
bullicio y el ruido. Su fiel enamorado, deslumbrado todo
se lo perdonaba aunque comenzaba a sentir cansancio de
tanta juerga y boato, de tantos desvelos sin descanso.
Una tarde de verano muy taimadamente, la muerte le
llegó a la joven aventurera. La carretera le segó la vida
dejando tras de si dolor y en su hermana además de pena,
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ira, por el daño que les había hecho para al final malgastar
su vida
Fueron muchas las advertencias de que ir a aquella
velocidad era una imprudencia pero su sangre ardiente, no
cesaba de incitarla a la irreflexión.
Viudo se ha quedado aquel al que la joven su amor le
había prometido. Aquel que había pedido su mano, y que
al final sus sueños había desbaratado.
El dolor se multiplicó en aquel corazón desconsolado.
Su hermana se lo había robado para luego por sus frivolidades
hacerlo un desdichado.
A sus sobrinos quisiera su vida entregar pero a cambio
le han pedido que el puesto de su hermana debiera ocupar.
¡Cruel tentación! ¡Cruel sugerencia! - ¡Antes la muerte
quisiera, que acceder
a tal indecencia!..
El frío que su hermana ha dejado en su cama, ella no lo
iba a calentar. No cedería a tal cosa ni por los niños, a
pesar de lo que les quería, ni tan siquiera por el gran amor
de su vida: -¡Aún me queda dignidad! Con desesperación
gritaba.
La muerte le sobrevino por fruto de tanta pena, a Doña
Paquita. Sus últimos días,
de casa se negaba a salir. Apenada y avergonzada se ha
dejado morir.
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De esta manera solita dejó a su hija mayor, ¡Qué penita!
¡Qué dolor! ¡Pobre criatura!
La gente decía: Se pasea solitaria por la orilla de la mar,
se le ve deambulando por las noches en penumbra por la
galería de su casa.
En tremenda depresión la damita ha caído. Más bien,
con ella vivía desde aquel día maldito en que descubrió la
traición de sus seres queridos. Ni doctores, ni familia, ni
amigos logran sacarla de su mundo. Un mundo de soledad,
de deseos de irse de entre los vivos.
Así apenada y desolada vivió hasta su muerte la frustrada
“Dama de Reinas” que no reinaban, de amor vivido en
soledad y sin esperanzas. Hoy, al fin descansan entre los
extintos, las hijas y su madre, poniendo fin a la historia de
Doña Paquita y sus hijas, damas bien preparadas para ser
buenas cortesanas.
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Autora: Luisa Lestón Celorio
    (Escapitina) 

Del libro- De Corazón-
Editorial- ArcibelIditores- Fue Editado en el 2008- 

Imprime Publidisa
ISBN: 978-84-96980-44-0
Deposito Legal:SE-98-2009 

Comentarios2

  • Corazón

    Contigo quizás logre volver a leer.Bien trágica la historia de estas damas tan pretenciosas.La vida suele ser así y nos recuerda lo corta que es para concretar nuestros sueños.
    Saludos

    • luisa leston celorio

      Pues me alegro amiga, me alegro ya que si es así es que te ha gustado mi escrito. De este libro tienes alguna cosillas más por aquí, en concreto otro relato titulado: ENTRE TILOS Y PALMERAS. Iré colgando alguno más.

      En cuanto a los de las damitas... tienes razón, las personas pretenciosas y que se creen por encima de lo divino y humano suelen tener mucho que callar.

      Gracias por pasar por mis letras y tu comentario tan bonito.
      Un abrazo

    • Carmen Ubeda Ferrer

      En la vida suelen ocurrir terribles decepciones, amiga Luisa. Buena lectura.
      Saluditos de
      Carmen.

      • luisa leston celorio

        Gracias Carmen por pasar por mis letras.
        Si que es cierto querida que la vida nos guarda muchas sorpresas y no siempre buenas.

        Un abrazo hermosa.



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