ANAMI

MIGAJAS

Sentía su necesidad, me abrumaba, me abarcaba, era  tan latente que me superaba, estaba más allá de mí y de mi propia necesidad. Era extraño, muy extraño sentir cómo me anhelaba, cómo anhelaba tenerme, pero más que eso, sentía su necesidad de tener mi corazón, de tener mi alma, y eso me abrumaba aún más que su propia necesidad. Me asustaba mirarle a los ojos y ver todo eso que iba más allá de sus palabras y que no me decía, pero que se reflejaba en su mirada, era su necesidad, esa necesidad de quererme pero más aún de que yo lo quisiera como él a mí, con esa ansiedad, con todo ese amor. No lo resistía, no resistía sentir que no podía abarcarlo con el amor que le tenía, no era suficiente para él que le amara de la única forma que podía amarle: dándole sólo un poco de mí, y eso lo atormentaba, no me lo decía pero yo lo sabía, lo notaba, percibía cómo cada vez desesperaba aún más en el intento de hacer que le diera el resto de lo que yo era, que le dijera lo que no le decía, que le mostrara la realidad de lo que yo era y que estaba oculta para todos, incluso para él, que era el único a quien había dejado acercarse, acercarse hasta un punto limitado, pero al fin y al cabo más de lo que cualquiera se hubiese podido acercar antes, sin embargo, no tanto, no tanto como para permitirle conocer de mi lo suficiente, como para tocarme, como para hacerme daño, y era justo eso lo que más le atormentaba, era eso lo que no lo dejaba vivir tranquilo a mí lado, con lo poco  que yo le podía dar, con los restos de mi amor, con migajas. 

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