CARLOS ALBERTO BADARACCO

SELECCIÓN DE POEMAS IV

IMÁGENES ONÍRICAS


“LA TROMBA”.


Me sentí inmerso en una tromba,

el viento me daba vueltas,

iban y venían lirios del jardín azul

y en el cielo las estrellas cobraban vida.

El cosmos vestido de azul se tornaba lila.

Allá, justo al final del espacio estaba yo

como una antorcha que iluminaba al cielo,

con la cadencia de una armoniosa melodía

yo y el todo, reunidos en un espacio interminable

La luna, fulgurante astro alumbraba centellante

el tímido candor de los ángeles volando en derredor.

 

CARLOS A. BADARACCO

13/4/14

(DERECHOS RESERVADOS)

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TIEMPOS VACÍOS


IMÁGENES ONÍRICAS X


He avivado mil veces las cenizas del tiempo pasado, tratando de encontrar un vestigio que defina este panorama tenebroso que hoy se me presenta informe ante mis ojos. Los espacios han caducado, se han desarmado los proyectos y no existen ya las estaciones de los trenes cubiertos de fantasías que antaño daban felicidad a los usuarios. Han caducado también los hermosos jardines del parque que ostentaban los colores más nítidos, diáfanos y fulgurantes. Las calles vacías se han vestido de selváticos universos.

 

Y yo allí, esperando lo imposible.

 

El silencio es premisa, las aguas se deslizan resecas sin los famosos manglares que poblaban espectros.  Yo miraba con admiración aquel espectáculo horripilante y mis ojos comenzaban a mostrar lágrimas de fuego. No había ya vida, era todo amorfo. El sol mandaba rayos tan fuertes que disgregaban ilusiones, estaban desbaratadas por el suelo. Todo había terminado. Mi sueño también y la realidad destruida se presentaba todavía tan nítida como en mis imágenes oníricas, con los ideales muertos en el tiempo. El hombre había fenecido, eran sólo fantasmas.  

 

CARLOS A. BADARACCO

13/4/14

(DERECHOS RESERVADOS)

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IMÁGENES ONÍRICAS XI

 

 ¡LA CONDENA!

 

 

 

Resurgen en mis sueños

largas colas de hombres quejumbrosos.

Lamentos, gemidos, aflicciones se escuchan,

parecen zombis en noches de terror.

Están allí vacíos, sus espíritus contritos

se alteran, se desdibujan y sus colores apagados

denotan la tristeza que a cada paso van desgajando.

Las puertas se abren y lenguas de fuego se asoman

tomando de aquella multitud las más expuestas a las llamas

¿Estamos próximos a ese cuadro?

¿Será la envidia, la soberbia, las causas más evidentes?

O quizás ¿La lujuria, la Gula y la avaricia?

O también ¿La codicia, la pereza y la ira?

Los siete pecados capitales están allí esperando.

En fin, cada cual es responsable de sus propios actos.

Sería justo examinarnos profundamente

a medida que se van lanzando a la vida

las acciones más controvertidas de la existencia.

 

CARLOS A. BADARACCO

14/4/14

(DERECHOS RESERVADOS)




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