Ludvaldo

SEGUNDO SONETO MÍSTICO O DEL VIAJE ASTRAL

Mirando del nocturno cielo inmenso

la gloria que fascina y acongoja,

el alma enaltecida se despoja

del velo putrescible, necio y denso.

 

Lo mismo que a la flecha lanza el tenso

bordón del arco, el éxtasis arroja

al ánima a lo etéreo, en que se aloja

el pueblo celestial, de brillo intenso.

 

Es tanta la alegría que le embarga

al alma que en tal ámbito navega

que olvida el duro exilio en el que inerte

 

el plúmbeo cuerpo está, mas a esta carga

retorna entristecida y sólo llega

a verse siempre libre con su muerte.

 

Osvaldo de Luis



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