Ludvaldo

SONETO A LA AMADA BENÉFICA

Con tu alma fresca, amor, la mía oreas,

y con tu luz la libras de las sombras

cuando, en mí fija tu mirada, nombras

en susurros mi nombre y la clareas,

y su solar, de ruinas lleno, aseas

con tus caricias y lo desescombras,

y su fría losa cambias por alfombras

de cálida ternura y la hermoseas.

Mi alma se embellece con tus besos,

pues vuelven sus inviernos primaveras

y quítanle sus trabas y sus pesos.

Mi alma encuentra siempre en sus accesos

de pena en ti remedio, porque operas

muy bien de bilis negra sus abscesos.

 

Osvaldo de Luis



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