Duverly

Mi rutina diaria

He despertado... abrí mis ojos como de costumbre, mire el techo de la casa. La luz que se expandía desde la ventana me deslumbraba. Rápidamente voltee hacia mi lado, sentía miedo... pero, ahí estabas tú, como siempre hermosa.

 

Toque tu cabello, ese que resplandecía con aquellos rayos de sol matutinos, ese negro azabache que tanto adoro. Me acerque lentamente para besar eso labios que tanto deseo, y poco a poco me fue envolviendo tu delicado aroma, aquel del que tanto me enamore el primer día.

 

Tu presencia me motiva, me alegra... me seduce. Y aun te sigo viendo, con los mismos ojos tímidos, de aquel día de otoño, en el que comenzamos nuestra historia. Todo fue tan rápido, tan intrigante, tan lindo; aquellas palabras que cruzamos, aquel momento en el que tu suave voz susurro hasta el fondo de mi alma aquel "Te quiero" con tanta sinceridad, que hasta el día de hoy, me hace estremecerme con pasión.

 

¡Por fin despertaste! No hay mejor estimulante, que el café que inundan tus ojos, y eso me mantiene vivo cada mañana al despertar. Tu dulce voz me dice " Buenos días corazón" y... afectivamente, mi corazón responde con emoción... al palpitar con celeridad. No sé qué responder y lo único con lo que reacciona mi cuerpo, es un gran abrazo... con la fuerza como si fuera la última vez que te fuera ver; pero con la timidez como si fuera el primero.

 

Nuestros días tienen que comenzar, y me entristece el tener que dejarte por tan solo cinco minutos. Los dos somos adultos, y tenemos que trabajar... separándonos por un día laboral. Pero espero con ansias el caer de la noche, para poder llegar a casa... y que me sorprendas con tu gracias... tu carisma.

 

De nuevo estoy junto a ti, en este hermoso crepúsculo. La luz de la luna nos seduce, para repetir aquella primera noche juntos como pareja. Donde nuestros cuerpos se juntaron; no para demostrar placer... para demostrar pasión y amor carnal entrene nosotros.

 

Y así... repetir esta forma de vida, sin convertirse en rutina, porque, las palabras nunca son las mismas.



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