arielfernandovt

Una carta que te extraña

 

Desde que te fuiste, en mi mente me he sentado a escribirte una carta a diario, religiosamente, mientras te hablo a la fotografía que junto a mi cama reposa. Como la que aquella vez me pediste que escribiera. Y haciendo honor a mi egoísmo, no te la escribí. En su lugar, escribí una para ambos. No sé quién la necesitará más, quién se aburra primero de leerla, o si uno de los dos decida desecharla cuando el tiempo se marchite y esto acabe. Pero una vez que escribo de nosotros, no puedo terminar... nunca he terminado una porque me prohíbo condenar nuestra historia antes de conocer el final.  

 

Hace ya 32 días que no estás. Y prescindo de decir "un mes" porque no es un mes. Han sido 32 días. Un mes, siendo Junio, por ejemplo, se trataría de 30 días; siendo Octubre, se trataría de 31 días. Pero me tocó verte partir en Febrero, en el ocaso de sus días, que fueron 28. Y aquí, donde llenas vacíos, y construyes sueños, cada día cuenta. Efectivamente, han sido 32, y sumando.  

 

Es curioso cómo se puede extrañar cada vez más a una persona que sólo está allí, sin hacer nada. Hacemos cosas que nos hacen ser más queridos, más valorados, incluso más odiados... pero no hay un factor que influya precisa y directamente con la intensidad en que extrañamos a alguien. Tú no dices "me voy. Extráñame, vamos, hazlo". O tal vez sí lo haces inconscientemente, y yo me embriago con tu recuerdo, y empiezo suspirar ansias de tenerte de vuelta, besándome de la manera en que tus labios de seda tejen mi boca a la tuya, a la vez que el tormentoso mar en tus ojos me vuelve náufrago en un lejano lugar del que no quiero regresar.  

 

Me sumerjo en la idea de recibirte, y darnos uno de esos tan fuertes abrazos, que no lastiman, sino que sellan; que no rompen, sino que unen; que no asfixian, sino que liberan. Abrazos infinitos, de brazos eternos. No te asustes si oyes susurros a tu al rededor. A veces te deseo tanto que deambulo en tus pasillos porque no quiero irme de ti. Aquí te espero para que sigamos caminando juntos. Digo, después de haber dado ya un par de pasos, empezamos a tomar velocidad, seguridad, fuerza.
Y así me encuentro: ausente... inerte... pero esperándote.



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