Oscar Perez

El poeta mendicante

El poeta mendicante

 

Compañeros míos, necesito hacerme rico,

poder beber el mar en un vaso de cerveza,

poder saltar al sol en un caballo hecho de estrellas

y atarme en ese amor que me desprecia por no tener gorriones.

Me urge atesorar la soledad de los castillos,

la ciencia de los árboles, siempre tan generosa,

la lluvia de los bosques, que vi ciudad adentro,

allí entre los balcones de eternas multitudes,

allí en el corazón del que sembró con fe dos almas.

Preciso, compañeros, una verdad que compre tierras,

que funde un porvenir, que pague todos mis fracasos

y que se acueste al sol como la barca de mis sueños.

Requiero un gran millón de voluntades

que tejan la camisa del sendero

y en sus bolsillos echen flores, nueces

y un gran balcón al que llegar para abrazarte.

Millones necesito, no de dudas,

no de arenas que escribir y que el mar borre,

sino de pesos, de monedas como lunas

con las que conquistar tu soledad con sus anillos,

con que pagar la luz que necesitas para verme

y el pan que morderemos cuando al fin vengas conmigo.

Hacerme millonario es lo que espero,

palabras transo, fío, de adelanto

les doy para que vengan a ayudarme,

no basta que esta vez digan te entiendo,

quiero sus cheques en mi mesa de domingo,

quiero sus fondos en el arca de mis brazos

y toneladas de billetes en el árbol

con que he de construir la casa y sus ventanas,

las sillas para el mar, la cama para el cielo

y una sencilla mesa para el hambre de mis besos.

Hermanos, enloquezco de ambición desmesurada,

les dono mi riñón, aquellas lágrimas caducas

y el libro que escribí cuando mirábamos el fuego,

un verso en cada llama, un episodio

en cada hora de frío, que así fue que resistimos,

quemando esas palabras que hoy repito

para considerar cómo salir de esta pobreza.

Les firmo con mi sangre la venta de mis bienes,

el arriendo de mi voz y la hipoteca de mis huesos,

contratos firmaré para llegar a los barrancos,

allí donde al final del arcoíris hay un cofre,

a la isla del tesoro, al fondo del naufragio,

donde el galeón sólo se hundió por tanto peso en sus lingotes.

Compañeros, lo repito, soy el dueño

de las olas del mar, por eso ven lejos mis ojos

y me late el corazón como que es mío el infinito,

ayúdenme a llegar con mi tesoro hasta su puerta

y en pago les daré el atardecer con todo su oro.

Sigan el ruido de mis pobres tres monedas

hasta el tarro en que mi pobre corazón golpea

el tiempo en esa plaza en que los surcos me pusieron,

mendigo soy junto al portón de los dormidos

y espero de verdad hacerme rico una mañana.

Ayer ella me vio, yo sé que quiso enamorarse,

el resto ya lo ven, con mis andrajos los convoco,

la vida se me va, todo mi reino por sus huellas

y a ustedes mi canción, toda mi voz para salir

de este abandono en que me espera la riqueza de sus besos.

 

http://fuerteyfeliz.bligoo.cl/

 

28 02 14

Comentarios1

  • Carlos Manuel Larrea

    Felicitaciones, Oscar.

    Este es uno de los poquísimos poemas originales que he leído en este foro.


    Carlos

    • Oscar Perez

      Gracias, un abrazo y mi saludo fraterno.-



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