Ludvaldo

SONETO DEL LLANTO

En la amena ribera de este río

que acrecen los torrentes que ahora lloro,

humilde y dolorido, amor, te imploro

que traigas a mi llanto ya el estío

 

dando consuelo al triste pecho mío,

y así estas ninfas cantarán a coro

del alma que te anima el gran tesoro

y el fin de tu crueldad y tu desvío.  

 

Mira que de mis lágrimas la fuente

parece manantial inagotable,

y el flujo de su pródiga corriente,  

 

obstinado, continuo e inmutable,

sumergiría incluso al Sol riente

por culpa de tu amor inconquistable.

 

Osvaldo de Luis



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