Amadeus

Entre tanto

         Entre puntos, comas, acentos y humo; me como la noche con olores dulces a hojas extranjeras o quizás sean del país, quien sabe a esta altura. La capsula del tiempo me transporta y me exige buenos modales. Sus miradas me cortan como hoja fina de papel. A través del cristal observándome, juzgando mis fechorías, que vale aclarar son inocentes o más bien un grito de desespero. Comienzo a sudar, ya es tiempo del primer receso. Entonces me reclaman algo que es inexistente en presencia del hombre, pues ya él nos ha tenido a ambas y la situación nos corta como al queso. La noche se va haciendo más noche y me voy arrepintiendo de mis acciones. Esto me va a perseguir hasta la tumba, pero debo admitírmelo. Creo que ella me enamoró si lo pienso romántico, pero mi mente es demasiado de técnica así que más bien me enchuló como dicen por ahí. Aunque creo que esto es más que un enchule, mi edad me prohíbe andar con esas locuras de jóvenes. Ya no hablo igual, me creo de 30 y ni a penas llego a los 20. Las ironías de la vida, ¿no creen? Si continuo por donde iba la tensión que ella me produce es monumental y me corta como a tallo de rosa. Sus besos atormentan mis labios, ya la extraño, y mis buenos modales no me permiten despedir el día sin antes desearle una linda noche. En realidad el mensaje varía según el humor. Ese punto cortante como guillotina que le escribo al final deja de la linda noche una noche trasquilada y repleta de alcohol para mí. Ella duerme o quizás habla de mí con sus mejores amigos. Ya ellos saben lo que tanto quiero saber, pero no la debo presionar y debo, por obligación de buena educación, dejar de decir todo lo que llega a la lengua. 

      Es tiempo del segundo receso. Este quizás sea el más largo de todos. Mientras tanto, imaginen ella siendo feliz y yo bebiendo de una botella buscando a quien primero me reclamaba entre los brazos de él y él mirándome fijo buscándonos a la vez. 

       Los escalofríos comienzan a invadirme la piel, la mujer que deseo está más lejos que lejos y la que se me entrega la tengo al lado. Qué barbaridad, ¿no creen? El destino me está jugando trucos muy malos. En realidad, son muy buenos, debo admitirlo. Quiero bailar, ahogarme en alcohol y humo. Terminar en la casa de un extraño exhausta de placer y sentir que la vida es buena. Entre olores mi nariz se funde en un gran estornudo del cual no me logro recuperar, algo así como el hechizo que ella me tiene. Debo dejar mis vicios, pero es que entro en pánico y se me salen las ganas por los poros. Accidentalmente escribí su nombre así que no sé si esto es por ella o por ella. Ya ella lo tenía categorizado, pero ella y su anonimidad me impiden la personificación. Es más ni a un sujeto puedo recurrir.

         Tercer receso. Creo que la inhibición se fue y ella viene a reclamar lo que es suyo. Después que me dé un orgasmo, estamos a mano. 

          El humo nubla los cristales. Si sigo así terminare en cosas peores. La quiero a ella un mundo, pero ella me derrite la mirada con sus sonrisas. La inocencia que la viste es tan perfecta, es como si bajo del cielo y está destinada a dejarme loca entre sus caderas. Pecho más perfecto no puede tener. No quiero quitarle los pétalos a esa flor. Ahora que estoy montada en mi caballo no hay mensaje que me alegre, esta musa maldita destronca el pobre corazón mío. Esos besos no se desean ni se envían por el aire o espacio; besos así se dan y bien dados. Aún mis manos hierven. Esto me preocupa. Igual que el día en que estaba deseando con todas mis fuerzas que me desnudara; ahora, sé que valió la pena esperar a ese momento. Porque ella me desnudo el alma con la ropa y me robo el corazón con su entrega. Tanto así que no quiero nada con ella. Cuando el momento llegue, estaremos pieza por pieza besando esquina por esquina de nuestras almas y en ese preciso momento, la estaré amando aunque sea de mi parte solamente. 

     Cuarto receso, lo más probable este sea el ultimo. Quiero dormir, pero el deber me espera en la cocina. 

     Odio que me corten así como trozo de carne. Aunque se sienta bien, porque es lento y suave, lo detesto. Debo apresurarme si quiero que esto se termine correctamente. Ahora me dedicare a hablar de ella porque es a quien tengo en la mente todo el tiempo. La garganta me sabe a plástico pero la lengua a mentiras. A esta niña la quiero hacer mía. Quisiera, aunque me mate luego; ir desde los pies hasta la cabeza, besando cada centímetro de su cuerpo con pura suavidad. No dejar ni un solo terreno de su piel explorado por mis labios, evadiendo lagunas por supuesto. Antes de mi boca deben ir mis manos, palpando con la yema de los dedos; suavemente conquistando las tierras desconocidas. Mis manos siguen ardiendo. Ya no quedan más recesos y solo faltan cinco minutos para que esto acabe. Quiero hacerle el amor tan apasionado que la vida nos regale el tiempo detenido en el acto. Quiero sentir su desnudez junto a la mía mientras dos cuerpos se hacen uno y quizás buscarnos debajo de nuestras pieles por si acaso el corazón se queda hambriento. Sus manos me queman cada vez que me tocan y sus besos me embriagan. En los abrazos que le doy se me va la vida y mis sueños le pertenecen. Creo, que después de todo esto, si... estoy enamorada. No quiero creerlo y me niego porque entonces eso de estar enamorada de ella ocurrió a primera vista.

       Ya los cinco han terminado y mi mirada ha fracasado. Esto se ha acabado.

 

20131103

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Maravillosas letras ensambladas en tus divinas palabras en prosa amigo Amadeus
    Un abrazo de amistad y de afecto de Críspulo



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