Carlos Fernando

Páginas en sepia, hojas en bronce.



Páginas en sepia son los recuerdos.

Hojas de papel en bronce convertidas,

por donde pasan mis ojos

abiertos sin medida, con asombro,

y suspiro al recordar las melodías

que siendo infante hacían vibrar

las nacaradas membranas del oído.

Me traen aromas y panoramas

del quehacer cotidiano y me parece

ver a mi padre descansando

después de su jornada, y a mi madre

ocupada en sus tareas de ama.

Hurgo en el vacío y en mi memoria

forjo las tardes plácidas, las horas

de ocio y de juego, y gozo de nuevo

recordando cómo, la vida era un brote

apenas abriendo sus promesas

ante mis ojos.

Páginas en sepia del recuerdo,

tan frágiles son que al querer tocarlas

se pulverizan en el éter invisible

desvaneciéndose en polvo como

si fueran partículas del praná, o como

si se tratara de pequeños y relucientes

tamos suspendidos en el aire, visibles

tan solo cuando los haces de luz

que entre las cortinas blancas

penetran las ventanas y los alumbran.

Láminas de bronce que no cejan

en su empeño de resplandecer

de cuando en cuando, haciéndome evocar

hondos recuerdos. 

Livianas e invisibles páginas sepia,

como aquellas donde se escribieron

viejos versos.  



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