Henry V

Eternidad en llamas

De pecado, un infierno enlazó Su alma, después  de purgar;

Tragó  de un bocado, la sombra, Su presencia;

Del diablo, hijos  acechantes multiplicaron la   contrición

En sus  ojos, en  sus culpas… aquel   de astas mayores, cuerpo cabrío,

Tiró  del arco   en  la voz,  con la flecha  de su potestad,

Atravesó  entrañas,  huesos, coyunturas de Su pensamiento en  día postrero:

Dobló las rodillas  el  alma, ante  Su  nuevo consorte,

Y  presto  a arrastrar  la  condena  de Dios por los siglos,

Injurió  debilidades a  una vida insuficiente como injusta, oculta

Tras la  mascara  de la   fortuna y  el destino.

 Ian Henry Deep



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