Carlos Fernando

El Corazón del Hombre.

Misteriosa sustancia debe ser

el corazón del hombre

(léase hombre y mujer),

que puede contener a la vez:

amor, y desamor

(entiéndase indiferencia, odio,

rencor, y sentimientos semejantes

a estos). Credulidad e incredulidad,

creación y destrucción,

blanco y negro.

Definitivamente, y aunque obviara

tener que aclarar este asunto.

El órgano llamado corazón,

es solo un símil, del corazón verdadero

que late en el espíritu del hombre.

El primero,

órgano vital, con capacidad cuantificable,

es un órgano complejo

compuesto de cámaras y válvulas,

de músculos y vasos que le alimentan,

de poderosas y firmes

fibras musculares que responden

a los impulsos eléctricos

de un sistema de conducción

activado por iones,

sales de sodio y de potasio,

llevando el impulso eléctrico

que activa unos diminutos

engranes proteicos,

causantes últimos del acortamiento

y elongación de las fibras musculares

responsables del bombeo de sangre;

ese líquido viscoso y rojo

donde está contenida la vida.

Porque, a fin de cuentas,

si el cerebro controla la vida de relación,

y el corazón mantiene la máquina corporal,

y el tubo digestivo alimenta la maquinaria,

y los músculos la llevan a todas partes ,

y los riñones depuran y controlan

la cantidad de agua, y el hígado fabrica

sustancias esenciales y reservas de energía,

y los pulmones intercambian gases.

Es la sangre, la que conecta todo el sistema,

trayendo materiales y llevando desechos,

y defensas vitales.

Si una arteria se tapa,

deja de circular la sangre

y el tejido afectado muere.

Por tanto, en la sangre está la vida de la carne.

Pero, volviendo al corazón,

al corazón que se cita en los escritos

filosóficos y en las Escrituras sagradas,

ese corazón invisible

que contiene los afectos del hombre,

que para los místicos se ubica en el plexo solar,

ese corazón es el que liga o desliga

al hombre con su Dios.

Digo, liga: cuando percibe la buena esencia Divina,

porque Dios siendo Bueno, todo lo hizo bueno,

y solo da lo que es bueno.

Y mueve al hombre a conocerse en la intimidad.

Y digo, desliga:

cuando el corazón del hombre

se niega a las cosas que son buenas.

Es el corazón del hombre (y mujer),

el que resplandece cuando contiene

el amor perfecto y lo proyecta.

Ese Amor, es la Luz verdadera

que alumbra a los hombres

y que procede de la Divinidad,

no es propia,

como la luz de la luna

que no le pertenece,

pues solo es la proyección

de un astro que es mayor a ella:

el sol.

Así, el corazón se vuelve

una luminaria que resplandece

con una luz que proviene

de Uno que es mayor a todo.

Ese es el corazón que debe conocer el hombre,

el que contiene las cualidades

que lo hacen superior a la bestia salvaje.

La misma bestia que,

paradójicamente en muchas ocasiones

tiene más luz en su entendimiento,

que muchos hombres que se llaman a sí mismos,

"civilizados".

Ese corazón, habla

por la boca del hombre,

vomita su podredumbre,

o exalta su naturaleza divina

con hechos amorosos y buenos.

Es ese corazón el que sabe decir:

"te amo", y lo demuestra.

El que es capaz de contener

los más altos pensamientos

y las metas más nobles

que podemos imaginar.

Ese complejo corazón inmensurable

capaz de guardar odios, o amor.

Ese corazón que es altar y ofrenda

al Eterno, o que puede ser afrenta.

Es el corazón que habrá de ser pesado

en la balanza,

el que habrá de heredar,

o el que recibirá retribución

en el día de la comparecencia

ante el Ser Supremo.

 

 

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    La gracia poetica empapa las preciadas letras de tu poema amigo Carlos Fernando
    Saludos de afecto y amistad...
    Críspulo el de la Rosa...

    • Carlos Fernando

      Querido amigo mío, como siempre eres espléndido con tus palabras a lo que yo escribo, y me estimula a seguir escribiendo. Mi próximo título seguramente te desconcertará porque surgió de lo más profundo del pasado lejano, y del más triste y funesto recuerdo que se me quedó en el alma, como un muerto putrefacto que sigue su proceso de descomposición, y al que no vuelvo a visitar, porque está muerto. Y podrido.
      Un abrazo.

    • santos castro checa

      Dos excelsas comparaciones: La primera de vigor corporal, y la otra de entereza espìritual.
      Sabiduria plena. Conocimiento divino, querido amigo Carlos.

      Mucha suerte , compañero.

      Rudavall

      • Carlos Fernando

        Con humildad y sencillez en mi corazón, agradezco tu elogioso comentario amigo Santos. Pasaré a visitar tu espacio poético nuevamente, en la brevedad. Promesa.

        Con sincero afecto.



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