Juan de Marsilio

Era

Era 
la primera que vi 
– la primera que me hizo de veras 
girar la cabeza para 
volverla a mirar 
y quedarme mirándola – 
un contundente animal ojiazul 
en quien lo rotundo 
no quitaba lo grácil.
De su boca brotaba un raudal de sandeces 
que yo no sé por qué ni me afectaba: 
algo le trascendía la tontería 
y yo me embobaba por ella 
con toda lucidez.
Algo le hacía sabia la simpleza.
Algo que no discierno tras tantos años 
si estaba en ella o en mí 
o era tejido por la circunstancia 
o estaba y siempre está para quien guste 
implícito en el alma azul del mundo.

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