alex sandman

ÉRASE UNA VEZ EN EL ABISMO



 

“La experiencia es una tenue lámpara que sólo ilumina al que la lleva”

Louis Ferdinand Céline

 


Érase una vez sin saber si era domingo o lunes… y como yo no iba a cambiar, agarré una flor del blanco al gris y un paquete de cigarrillos. Luego salí de mi casa con un libro. Tomé la ruta más corta, y en menos de una hora llegué al cementerio. Encendí uno (el segundo), y con la misma fuerza hice un inventario en mis bolsillos (saqué un par de billetes y un sobre)…

 

− ¿Cuánto por los girasoles?− le pregunté a una doña

 

−Aquí son baratos – con la boca, porque con los dedos dijo que tres mil.

 

Antes de entrar le di los dos billetes (con dolor), y el sobre lo metí en la página 122 del libro…

 

Después, cavilando por mi ancestro y destinado a no encontrar su tumba, me senté bajo la sombra de un almendro, abrí el libro, abrí el sobre, leí el poema…y abatido: encendí otro cigarrillo…

 

− ¡Ey loco ey (escuché junto al escaño)! ¡Ey!… aquí abajo…− me dijo mientras miraba al cielo con las patas arribas…

 

− ¡Mierda! – dije enseguida − ¡Ahora si es verdad que me volví loco! −

 

− ¿Y? −

 

− No sé… creo que peor que hablarle a un cigarrillo es hablarle a una cucaracha –

 

− ¡Ey que va! Ey men estás súper estresado… por qué mejor no prendes otro −

 

− ¿Y si mejor te piso qué? –

 

− Serás igual a dios –

 

− Bueno sí, creo que sí. Mejor te hago caso – y prendí el otro.

 

− Ey… ya bájale al nervio men... ¡Deja de tocarte tanto esa nariz! –

 

− ¡Bueno ya! No seas tan sapo –

 

− Ya yaya relájate – me dijo el vergajo.

 

− ¿Bueno y tú qué haces aquí? – le pregunté enseguida.

 

− Existir ¿Y tú? –

 

− Soñar –

 

− ¿Y eso para qué sirve? – y presto a escucharme cambió de posición mientras se peinó las antenitas…

 

− Para olvidar que existo – le dije

 

− ¿Y después qué? –

 

− No sé decirte –

 

− Estás jodido – y volvió a mirar al cielo (mientras yo miraba el suelo) − ¿Es una mujer?–

 

− ¿Cómo así? –

 

− Sí men, lo que te tiene así vale: así prendiendo uno detrás de otro –

 

− Bueno sí, creo que sí pero…

 

− ¿Pero qué men? –

 

− No sé qué hacer con ella… –

 

− ¿Acaso no te conoce o qué? –

 

− Claro que sí. Sabe más de mí que yo de un libro –

 

− Entonces su belleza mata –

 

− Uf… es más letal que un Tigre de Malasia. Es un ángel aniquilando demonios –

 

− Con razón te tocas tanto ¡Qué carajo! ¡Prende el otro! –

 

− Ya me estás cayendo – le dije sonriendo

 

−Eso es inevitable –

 

Cerré el libro y prendí otro cigarrillo. Y otro, y otro y otro y otro  hasta perder la cuenta…

 

− ¿Y tú qué tanto miras para el cielo? – Le pregunté – pensé que estabas muerto –

 

− Creo que es eso… lo que tú dices que es soñar –

 

− ¡Já! ¿Y en qué puedes soñar tú? –

 

− Sueño que me come un pájaro –

 

− No pero… tú estás más loco que yo –

 

− ¿Por qué? ¿No crees tú que es mejor alimentar un pájaro que agonizar por un calzado? –

 

− Viéndolo así: estás en tu derecho –

 

Y casi conspirando, al prolongar nuestro silencio nos levantamos de la banca sin darnos cuenta. Y sin más cigarrillos para perdonar el día decidimos salir. Y así nos fuimos (cuando el ocaso rutinario cayó como la niebla entre los ojos). Y volcando varios meridianos con el ocio…

 

− Tal vez es necesarios estar en un balcón para contemplarla – me dijo cuando vimos salir a una mujer de la funeraria − ¿Así es tu ángel?

 

− Creo que no. Ésta se atraviesa como el alba, y camina mucho mejor que la destrucción– le dije – además tiene una mirada perniciosa –

 

− ¡Já¡ Tan profunda como todo lo que se ha comido – agregó – cáele que va a la tienda. Yo te caigo después –

 

− No vayas a caer volando – le advertí

 

− ¡Dale dale! –

 

Y sin saber que hacer le dije:

 

− Disculpa ¿Será que me regalas un cigarrillo? Casi que me estrello cuando crucé la carretera –

 

− Claro que sí nene, y si quieres quédate conmigo –

 

− Ah bueno –

 

− ¿Y tu amigo quién es? – me dijo ella

 

− Eh…

 

Donalicio Puebla – respondió de inmediato

 

− Bueno (dijo ella), yo me llamo Giselle ¿Y tú nene? Para mí todavía eres un fulano –

 

− Eh… yo me llamo chino – creo que le dije así… más o menos

 

− Si tú lo dices: encantada de conocerte chino – y me mató con la sonrisa de sus labios

 

− No no, yo me llamo Alex, es que… bueno, te dije así porque estaba un poquito…

 

−Alterado – así me dijo (como quitándome el disfraz de inmediato)

 

− ¿Por qué lo dices? – le dije

 

− Tu nariz habla por ti – y con sus dedos (delicadamente) retiró un pequeño residuo de mi rostro

 

− Bueno sí pero no fue por eso…

 

− ¿Entonces? – Me preguntó mientras se limpiaba los dedos con la lengua – ay nene tienes que afinar la puntería. Qué tal –

 

− No. Bueno sí, es que no te pasó como a mí, bueno, tú sabes: una cucaracha hablando…

 

− No bebé, a estas alturas ya nada me sorprende – y detonó un suspiro – vamos a mi casa

 

− Ajá Donalicio y tú qué – dije

 

− Lo que sea – me dijo el pillo

 

Compramos una botella, agarramos un taxi, y a mitad de camino nos detuvimos a mercar…

 

− Va a caer una tormenta – dijo Donalicio

 

− ¿Qué hace falta? – le pregunté a mi nueva dueña

 

− Que me des un beso –

 

Casi le arranco la cara.

 

− ¿Y ahora? –

 

− Que me des un trago –

 

Después del trago otro beso, y otro, y otro…

 

− Mire señor, nos deja ahí en la esquina – le dijo ella al chofer

 

− ¿Aquí? –

 

− Sí gracias ¿Cuánto le debo?

 

− Diez mil pesos –

 

− Tome−

 

− ¿No tiene más sencillo? –

 

− No. Quédese con el vuelto –

 

Y me sacó del taxi con la mano entre las piernas.

 

− Vamos ya – me dijo – ¡Estás más teso que pata de perro envenenado! – No pude hacer más nada que sonreír.

 

Le conté la historia de hace quince días. Le conté lo del karate. Pero ya había escampado y el día seguía igual de gris.

 

− Entonces eres un vicioso regenerado – dijo Giselle

 

− Eso era hasta hoy – le dije

 

− Siempre es lo mismo – dijo el pequeño –así era yo también: decía que no y que no, y terminaba comiendo entre la mierda –

 

Después de entrar por un callejón dimos a una sala. La construcción era blanca por dentro y por fuera. Donalicio pidió prestado el baño (y ya sabía por qué).

 

En medio de la sala no había sillas, sólo un árbol de corozo. Ella arrancó una hoja, pero era de aluminio. Luego abrió un corozo, y del corozo sirvió un sedimento amarillo cuidadosamente. No quería preguntar, pero tú sabes cómo es la curiosidad…

 

− ¿Y eso es?…

 

− Heroína papi – contestó – vas a ver los dioses –

 

− Ah bueno… ¿Y qué tengo que hacer? –

 

− Mientras tú abres la bocona, yo te pongo el yesquero en la lata –

 

Y así fue. Luego la vi con un mejor semblante. Luego nos sentamos en el patio, y entraron dos mujeres.

 

− Es vedad. Ya estoy viendo – le dije a ella

 

− Ella se llama Samara – dijo Giselle

 

− ¿Y la negra? –

 

Luisana

 

− Ven siéntate aquí – me dijo Samara

 

Esta vez, por segunda ocasión no sé qué pasó, pero sentí que el patio había cambiado, y no quedaba más exterior, de lo que alcanzaba a ver por el vano de un ladrillo…

 

− ¿Quieres un baretico? – me preguntó Luisana

 

− No nena gracias, ya me siento mal, pero… ¡Qué carajo! Me sentiría peor si lo desprecio–

 

Luego volví y miré hacia el suelo: sobres vacíos, tiras de aluminio, fósforos, pitillos, y colillas por montón… decidí cambiar. Quería salir ¿Pero cómo? Si yo tenía el micrófono y ellas sabían cantar ¡Uf! Todas tres…

 

Pero así es el abismo: lo bueno dura menos que un suspiro, y cuando estás frito lo malo es muy absurdo… pero la verdad es la mentira más compleja (la que te hace vivir)…

 

¿O acaso piensas que es muy fácil contemplar el cadáver de un insecto al compás de una erección?

 

FIN

Comentarios3

  • kavanarudén

    Original mi querido amigo.
    Un relato que te atrapa, bien.
    Un abrazo
    Kavi

  • El Hombre de la Rosa

    La pluma de un poeta siempre escribe con arte amigo Alex Sandman
    Abrazos de amistad y afecto
    Críspulo el de la Rosa

  • sandor

    me has dejado, como decimos en España, "pasmao"...me ha encantado tu relato.
    Sandor



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