Kléver Eduardo Jimbo Paladines

Un beso

-Era una noche de recuerdos, fría como nunca y llena de melancolía- tú eres el arte de la poesía, el melodrama de la escena implícito en carne y hueso, bombones del pasado, delicias del ahora.

-Obscura como nunca, aquella noche me envolvió un beso, me lleno de ti, me dejo en suspenso. Una y otra vez, esa delicadeza regresa a mis sentidos, mis labios, ahora muertos, viven por segundos al volver el néctar de aquella sutil caricia del rosar de tu cuerpo y un colibrí vuela a lo lejos, en aquella noche obscura sin beso.-

Y así las palabras fueron escritas por tu presencia, presencia de ausencia, presencia del ayer.

-Un raro frio acecha mi cuerpo, un gran salto desde lo alto, un suspicaz ser a llegado, me dice que todo ha cambiado. La noche se vuelve densa, y ahí viene otro recuerdo- maneje a tu casa como si esperaras mi presencia, presencia de ausencia, recuerdo del ayer.

Un caminar pausado, por las calles de la ciudad del sur, un singular paso, risas, bromas, recuerdos. Todo ha cambiado, no contestas mis llamadas, no respondes mis mensajes, no te importa mi presencia. Aquella noche de tango y rosas en tu pecho, de celos y recuerdos del ayer.

Porque ya no tiene caso llamarte, buscarte, o simplemente pensarte, no encuentro salida a lo ocurrido, me fui lejos de nuestro mundo, Salí de las tinieblas y encontré lo absurdo, entendí que el pasado ya paso y que el futuro a elegido separarnos. Aunque a veces mi corazón recuerde que te extraña y que cada sonrisa la guarda en un cofre de silencio, cada mirada profunda cual estrellas a lo lejos, cada mejilla rosa de rubor, cada caricia cálida, cada respirar y cada lágrima, se quedaron congeladas, se quedaron en tinieblas.

Y ante todo te recuerdo, me llegas como el agua tibia, como una cena  bajo la luz de la luna, como palabras de una hermosa poesía. Las cosas pasan por algo, un amor se va, otro encuentras en el camino, y te voy a recordar como lo más lindo de mi destino. Un suave colchón de primavera en un atardecer naranja, con las rosas a nuestros lados y al frente un riachuelo enamorado, de techo las nubes dibujando formas para nuestros juegos y nuestras manos entrelazadas con conversaciones amenas.

Porque lo que nunca hubo no se pierde, y lo que siempre hubo no se olvide, pero más que todo dejo claro, a la melancolía la llevo colgando. Y lloras por las noches pensando en sus besos, quizás pertenezcan a otros, y otros vaguen en busca de ellos, o los dejes al viento, como esperando un te quiero.

Haríamos una hermosa pareja, nuestros hijos serían los más bellos, y nuestro amor crecería con ellos. Amor, te ofrezco un amor sincero, amistad incondicional, y un beso cada mañana al levantarte, al dormir, dando las gracias al señor de tenerte a mi lado, de envejecer juntos, de tenerte en mi cama, de hacerte el amor, y que fruto de nuestro amor salgan esos peques tan queridos por nosotros, llevarte el desayuno a la cama, festejar el día de la madre con una cena en familia y una romántica solo para los dos, con velas y cubiertos finos, con una rosa y un vals, con un te quiero y un te amo, con el corazón y la vida.

Y así, sin saber nada y creyendo saber todo, me desangro en recuerdos absurdos, en caricias vacías, en momentos olvidados y en besos del pasado, regreso al mundo donde ya no estamos juntos, donde mi vida se aleja despacio, donde mi cuerpo busca consuelo en brazos extraños.

Ahora sin los besos de aquellos labios rojos carnosos, suaves delicados, tiernos y jugosos, me despido de esta tierra con un ardor en el pecho que me causa tu presencia, que me causa este sueño absurdo de pretenderte y no tenerte.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.